Con una tasa de cobertura de los gastos de apenas el 52 % mediante los ingresos anunciados, el Gobierno argelino apuesta por el crecimiento de los sectores no vinculados a los hidrocarburos, sin demostrar, por el momento, que esta transformación será suficiente para reducir las vulnerabilidades estructurales de las finanzas públicas.
Presentado como un instrumento de diversificación económica y consolidación de los equilibrios macroeconómicos, el proyecto de Ley de Finanzas (PLF) de Argelia para 2027 pone de manifiesto una importante contradicción: pese al aumento previsto de los ingresos ordinarios, el gasto público debería superar ampliamente los recursos presupuestarios estimados.
Durante la presentación del texto ante la Comisión de Finanzas y Presupuestos de la Asamblea Popular Nacional (APN), el ministro de Finanzas, Mohammed Lamine Lebbou, defendió una trayectoria basada en la prudencia presupuestaria, el apoyo al crecimiento y la continuidad de las inversiones públicas.
Las previsiones macroeconómicas contemplan un crecimiento del producto interior bruto (PIB) del 4,2 % en 2027, del 4,1 % en 2028 y del 4,7 % en 2029.
Estas proyecciones se basan, entre otros factores, en un precio de referencia del petróleo fijado en 60 dólares por barril, un precio de mercado de 70 dólares y una inflación estimada en el 4 %.
Sin embargo, la credibilidad de esta trayectoria dependerá tanto del cumplimiento de las hipótesis petroleras como de la capacidad de los sectores productivos para generar un crecimiento sostenible.
Los ingresos presupuestarios deberían alcanzar los 9.251,1 mil millones de dinares en 2027, frente a los 8.611,1 mil millones previstos para 2026, lo que representa un incremento del 7,4 %.
El aumento previsto de los ingresos no procedentes de los hidrocarburos, estimado en un 11,6 %, constituye una señal favorable. Se espera que la recaudación del impuesto sobre la renta aumente un 11,1 % y los gravámenes sobre el consumo un 8 %.
No obstante, un incremento de los ingresos fiscales no significa necesariamente que se haya logrado una diversificación productiva.
El desafío consiste en ampliar de manera sostenible la base imponible mediante la inversión privada, la formalización de la economía y la creación de valor añadido, en lugar de limitarse a aumentar la presión fiscal sobre las actividades existentes.
El desequilibrio presupuestario constituye el principal motivo de preocupación.
Los créditos de pago anunciados alcanzarían los 17.882,6 mil millones de dinares, frente a unos ingresos de 9.251,1 mil millones, lo que supone una diferencia prevista de 8.631,5 mil millones de dinares.
De este modo, los ingresos cubrirían únicamente alrededor del 51,7 % de los gastos programados.
Sin embargo, esta diferencia no puede equipararse automáticamente al déficit presupuestario definitivo sin examinar el perímetro contable, las operaciones de financiación y los demás recursos del Estado.
Esta situación pone de relieve, no obstante, la magnitud del desafío al que se enfrentan las finanzas públicas.
La masa salarial, estimada en 6.087 mil millones de dinares, y las transferencias sociales, calculadas en 6.180,5 mil millones, absorben recursos considerables, mientras que las inversiones públicas deberían alcanzar los 3.725,1 mil millones de dinares.
La cuestión central reside ahora en la eficiencia de este gasto: ¿qué mejoras de productividad, qué empleos sostenibles y qué ingresos adicionales permitirán generar estas inversiones?
SG/RT/APA

