Al situar a la juventud, la inversión privada y la innovación en el centro de la cumbre UA-FICR, los dirigentes africanos dieron un nuevo impulso a la lucha contra el hambre. Con el respaldo del rey Letsie III de Lesoto, el continente busca convertir la respuesta a la crisis alimentaria en un motor de crecimiento económico, creación de empleo e integración regional.
La reunión, celebrada en Adís Abeba bajo la presidencia conjunta de la Comisión de la Unión Africana (UA) y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR), marca un cambio de estrategia que va más allá de la respuesta humanitaria. En su intervención, el rey Letsie III, en su doble calidad de promotor de la nutrición para la UA y de la seguridad alimentaria para la FICR, sostuvo que mejorar la nutrición en África exige desarrollar mercados agroalimentarios competitivos, capaces de obtener financiación y atraer inversiones.
Este enfoque se inscribe en la estrategia 2026-2035 del Programa Integral de Desarrollo de la Agricultura en África (PDDAA), que aspira a alcanzar el objetivo de «Hambre Cero» para 2035, y se vincula con la prioridad que la UA ha dado al agua y al saneamiento en 2026. El propósito es convertir una vulnerabilidad histórica en una oportunidad de desarrollo económico y social.
El sector agroalimentario y la juventud como motores de crecimiento
Para el monarca de Lesoto, África ya no puede limitarse a responder a cada sequía o perturbación climática a medida que se produce. La respuesta a largo plazo pasa por modernizar toda la cadena de valor agrícola: desde el riego inteligente y la logística de almacenamiento para evitar pérdidas después de la cosecha hasta las tecnologías agrícolas y la transformación local. Con este enfoque, el sector alimentario se perfila como la principal fuente potencial de empleos dignos y remunerados para la juventud africana.
La estrategia también busca revalorizar los cereales y otros cultivos alimentarios locales. Por su resistencia natural a la escasez de agua y su valor nutricional, los cultivos tradicionales vuelven a ocupar un lugar central en las políticas de inversión, con el fin de reducir la costosa dependencia de las importaciones de alimentos.
Financiación mixta y seguimiento de los compromisos
Para financiar esta transformación, los dirigentes africanos llamaron a ampliar las fuentes de financiación más allá de los presupuestos públicos y la ayuda internacional tradicional. La propuesta busca movilizar al sector privado, los fondos climáticos y las instituciones financieras de desarrollo mediante mecanismos como la cofinanciación, las garantías frente a riesgos y las alianzas público-privadas.
La cumbre acordó poner en marcha una plataforma continental de inversión para preparar proyectos listos para recibir financiación, a partir de las prioridades definidas por los Estados y siguiendo el ejemplo de los programas pioneros de Etiopía, Kenia, Somalia y Sudán del Sur. El marco de gobernanza establece un seguimiento obligatorio de cada compromiso a los 90 días, a los seis meses y al año, con el fin de garantizar resultados concretos sobre el terreno.
SG/RT/APA

