El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, llamó el lunes 13 de julio en Cotonú a convertir el espacio afroatlántico en un actor de la gobernanza oceánica mundial.
El ministro marroquí subrayó que la seguridad marítima, los corredores logísticos verdes y la transición energética sostenible constituyen los pilares de una integración africana basada en acciones concretas y una cooperación reforzada.
En un discurso leído en su nombre por el embajador y director general de la Agencia Marroquí de Cooperación Internacional (AMCI), Mohamed Methqal, durante la séptima reunión ministerial del Proceso de los Estados Africanos Atlánticos (PEAA), Bourita indicó que este encuentro marca una nueva etapa en la evolución de esta asociación, orientada ahora hacia la aplicación operativa de su visión.
El ministro señaló que la Declaración de Cotonú, que plasmará los resultados de esta reunión, refleja esta evolución al definir orientaciones concretas en tres ámbitos interdependientes: la seguridad marítima, los corredores logísticos verdes y la transición energética sostenible.
Añadió que el espacio afroatlántico, durante mucho tiempo subexplotado pese a su importancia geoestratégica, debe convertirse en una palanca de paz, estabilidad y prosperidad compartida, recordando que esta visión se inscribe en la Iniciativa Real lanzada por el Rey Mohammed VI en favor del espacio africano atlántico.
Al referirse a los desafíos geoestratégicos internacionales, Bourita recordó que cerca del 90 % del comercio mundial, que representa más de 12.000 millones de toneladas de mercancías y un valor anual cercano a los 18 billones de dólares, se transporta por vía marítima, de los cuales casi el 30 % transita por pasos estratégicos situados en África o en su entorno, entre ellos el estrecho de Gibraltar, el golfo de Guinea, el cabo de Buena Esperanza, el canal de Suez, Bab el-Mandeb y el estrecho de Ormuz.
Observó que los Estados africanos contribuyeron a la elaboración de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convención de Montego Bay de 1982), al tiempo que estimó que la crisis del estrecho de Ormuz en 2026 puso de manifiesto las limitaciones de los mecanismos internacionales de prevención y gestión de las crisis marítimas, con una reducción de cerca del 70 % del tráfico petrolero, un aumento de entre el 15 % y el 25 % de los precios mundiales de la energía, así como importantes perturbaciones en las cadenas de suministro, afectando en particular a la seguridad alimentaria de varios países africanos.
El ministro subrayó que corresponde a los Estados africanos atlánticos contribuir activamente a la gobernanza internacional de los espacios y pasos marítimos, señalando que dichos espacios constituyen bienes comunes de la circulación mundial y que su instrumentalización con fines de coerción representa una amenaza directa para la paz y la prosperidad.
El ministro también destacó las Iniciativas Reales en favor de África, en particular la destinada a facilitar el acceso de los Estados del Sahel al océano Atlántico, así como el proyecto del Gasoducto Africano Atlántico, de cerca de 6.900 kilómetros de longitud, que abastecerá a 13 Estados africanos con una inversión estimada de entre 25.000 y 30.000 millones de dólares, calificándolo de corredor de paz, integración regional y soberanía energética.
En este contexto, Bourita insistió en el fortalecimiento de la cooperación regional mediante el intercambio de información e inteligencia, el desarrollo de capacidades y la coordinación de las acciones de lucha contra la piratería, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, los tráficos transnacionales y los ciberataques dirigidos contra las infraestructuras portuarias y marítimas, señalando que la seguridad marítima constituye una condición indispensable para la integración económica del espacio afroatlántico.


