Egipto afronta una escasez hídrica extrema, con una disponibilidad anual de agua inferior a 490 m³ por habitante, muy por debajo de los umbrales fijados por Naciones Unidas, informaron las autoridades en El Cairo.
El ministro de Exteriores, Badr Abdelatty, expuso la situación durante una reunión con el relator especial de la ONU para el derecho al agua potable, subrayando que el país depende en un 98 % del Nilo para abastecer a más de 110 millones de habitantes, en un contexto agravado por el crecimiento demográfico y el cambio climático.
Según los estándares de la ONU, por debajo de 500 m³ por habitante la situación se considera de penuria absoluta. Egipto se sitúa ya en ese nivel crítico.
El Gobierno destacó las medidas en marcha para mitigar el déficit: ampliación de redes de agua y saneamiento (especialmente en zonas rurales), reutilización de aguas tratadas, desalinización, modernización del riego y políticas de ahorro y protección ambiental.
En el plano regional, El Cairo reiteró la necesidad de respetar el derecho internacional en la gestión de ríos transfronterizos y pidió cooperación y consenso en la cuenca del Nilo, advirtiendo contra acciones unilaterales aguas arriba que afecten al derecho al agua de su población.

