El Comité Internacional de Rescate (IRC) advirtió que las poblaciones de África Oriental podrían enfrentarse en las próximas semanas a un mayor riesgo de inundaciones de gran magnitud, olas de calor y brotes epidémicos, a medida que el fenómeno climático El Niño se intensifica y amenaza con agravar una situación humanitaria ya de por sí frágil.
Al alertar sobre las amenazas asociadas a El Niño, el vicepresidente de Emergencias del IRC, Bob Kitchen, indicó que las familias que viven en Kenia, Uganda y Somalia figuran entre las más expuestas. Según explicó, este mismo fenómeno climático también provocará condiciones meteorológicas extremas en Pakistán, Afganistán y Bangladés.
«Estamos observando la convergencia simultánea de varias crisis, y las regiones con menor capacidad para absorber un nuevo choque son precisamente las que se encuentran en primera línea», declaró Kitchen.
«Actuar ahora, antes de la llegada de las lluvias, resulta mucho menos costoso e infinitamente más humano que intervenir cuando las poblaciones ya lo han perdido todo», añadió.
Los meteorólogos señalan que el episodio de El Niño de este año continúa intensificándose tras varios meses de calentamiento anómalo de los océanos. Históricamente, este fenómeno se asocia con precipitaciones abundantes en algunas zonas de África Oriental, mientras que provoca condiciones más cálidas y secas en Asia Meridional y Asia Central.
En Somalia, las previsiones apuntan a una probabilidad del 60 % de precipitaciones superiores a lo normal en las regiones meridionales y suroccidentales.
El país ya afronta una combinación de crisis derivadas de la sequía y del desplazamiento de población, con unos 4,8 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria urgente. Esta cifra podría aumentar si las inundaciones agravan aún más la situación.
Los expertos recuerdan que, en 2023, graves inundaciones destruyeron cerca de 13.000 toneladas de cultivos y causaron importantes daños en varias ciudades y localidades del país. Temen que las lluvias previstas para este año sean todavía más devastadoras, dado que las comunidades disponen ahora de menos recursos para hacerles frente.
Las fuertes precipitaciones previstas en las tierras altas de Etiopía, combinadas con las lluvias de la temporada Deyr en Somalia, podrían provocar un rápido aumento del caudal de los dos principales ríos del país. Esta situación podría contaminar las fuentes de agua potable y favorecer la propagación del cólera y de las diarreas acuosas agudas.
En Kenia, las previsiones indican una probabilidad de entre el 80 % y el 82 % de que el fenómeno de El Niño persista hasta finales de 2026. Las actuales condiciones de sequía podrían dar paso gradualmente a inundaciones y deslizamientos de tierra en los próximos meses.
Las autoridades kenianas ya han activado su dispositivo nacional de preparación y respuesta ante desastres.
Uganda también prevé una transición hacia un período más lluvioso durante el último trimestre del año, lo que hace temer nuevos desplazamientos de población y un repunte de las enfermedades transmitidas por el agua. Durante el anterior episodio de El Niño, más de 413.000 personas resultaron afectadas en el país.
En Asia, las consecuencias del fenómeno podrían ser igualmente importantes. En Pakistán, se prevé que las precipitaciones estacionales se mantengan por debajo de la media, mientras las temperaturas seguirán aumentando. En las regiones montañosas del norte, el acelerado deshielo de los glaciares podría provocar inundaciones repentinas.
En Bangladés, el monzón ya ha causado la muerte de al menos 15 refugiados rohinyás en el distrito de Cox’s Bazar y ha desplazado a más de 10.000 personas desde comienzos de julio.
Por su parte, Afganistán se prepara para precipitaciones superiores a lo normal que podrían provocar inundaciones a gran escala.
Ante estos riesgos, el IRC indicó que ya ha desplegado su modelo de acción anticipada, que consiste, entre otras medidas, en distribuir ayudas económicas a los hogares más expuestos antes de que ocurran los desastres. Esta asistencia permite a las familias comprar alimentos, acceder a agua potable y proteger su ganado, reduciendo así el recurso a estrategias de supervivencia perjudiciales.
SG/APA


