Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) se enfrentan a un aumento de las deserciones y de los combatientes que se incorporan al Ejército sudanés, un fenómeno que podría agravar las dificultades del grupo paramilitar, mientras la guerra entre las dos principales fuerzas armadas del país entra en su cuarto año.
El 19 de agosto, 318 combatientes de las RSF, entre ellos cuatro comandantes, anunciaron su incorporación a las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) en el Estado del Norte. Los desertores habrían pasado a las filas del Ejército con varias decenas de vehículos, en un nuevo revés para las fuerzas dirigidas por el general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti.
Esta oleada de deserciones se produce después de otras incorporaciones al Ejército registradas en los últimos meses. En junio, varias decenas de combatientes ya habían abandonado las RSF, mientras que en distintos frentes se habían registrado pérdidas de efectivos y material. Analistas consideran que la disminución de efectivos y equipos comienza a afectar las capacidades operativas del grupo paramilitar.
Una guerra nacida de una lucha por el poder
El conflicto sudanés estalló el 15 de abril de 2023 en Jartum, en un contexto de rivalidad entre el jefe del Ejército, general Abdel Fattah al-Burhan, y el líder de las RSF, Hemedti. Ambos habían compartido el poder tras la caída del presidente Omar al-Bashir en 2019, pero progresivamente se enfrentaron por el control del aparato de seguridad y, sobre todo, por el proyecto de integración de las RSF en el Ejército regular.
Los enfrentamientos se extendieron rápidamente a Jartum, Darfur, Kordofán y otras regiones, transformando una lucha entre dos componentes del aparato de seguridad en una guerra nacional en la que también participan varios grupos armados y milicias.
Tras más de tres años de combates, no se ha alcanzado ninguna solución política duradera. El Ejército recuperó el control de Jartum y de varias zonas estratégicas, mientras que las RSF mantienen una fuerte presencia en el oeste del país, especialmente en Darfur y algunas zonas de Kordofán.
Un balance humano y humanitario catastrófico
El balance de la guerra sigue siendo difícil de establecer con precisión debido a la magnitud de los combates y al acceso limitado a numerosas zonas. Las estimaciones varían considerablemente: ACLED contabilizaba 52.904 muertos relacionados con el conflicto hasta finales de junio de 2026, mientras que otras estimaciones más amplias apuntan a un balance muy superior. Naciones Unidas y varias organizaciones humanitarias subrayan que las cifras disponibles probablemente subestiman la magnitud real de las pérdidas.
El desplazamiento de la población constituye una de las consecuencias más dramáticas del conflicto. Según datos del ACNUR actualizados a principios de agosto de 2026, más de 11,3 millones de personas se encontraban desplazadas por la fuerza, entre ellas millones de refugiados y desplazados internos. Otras organizaciones humanitarias estiman en alrededor de 14 millones el número de personas obligadas a abandonar sus hogares desde el comienzo de la guerra.
La guerra también ha provocado el colapso de gran parte de los servicios esenciales, especialmente del sistema sanitario, y ha sumido a millones de sudaneses en la inseguridad alimentaria. Varias regiones se enfrentan a la hambruna o a un elevado riesgo de padecerla.
¿Un debilitamiento de las RSF?
En este contexto, las deserciones podrían representar para las RSF algo más que una simple pérdida de efectivos. La salida de combatientes experimentados y de comandantes que disponen de sus propias unidades y equipos puede afectar la cohesión del dispositivo militar y las cadenas de mando.
El Ejército sudanés trata, paralelamente, de aprovechar estas incorporaciones. Ha iniciado procedimientos de verificación e integración de algunos antiguos combatientes de las RSF, después de haber prometido una forma de amnistía a quienes abandonen las filas paramilitares.
Sin embargo, el aumento de las deserciones no significa el fin de las capacidades militares de las RSF. El grupo conserva combatientes, recursos y posiciones estratégicas importantes. Pero estas deserciones constituyen un indicador adicional del desgaste provocado por una guerra que, después de más de tres años, continúa devastando Sudán y alimentando una de las crisis humanitarias más graves del mundo.
SG/RT/APA

