Ante la propagación incontrolable de los incendios forestales, el Gobierno español ha declarado el estado de emergencia nacional en la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila, cercana a la capital. Esta medida permite al Estado movilizar más recursos para extinguir los incendios.
Las autoridades españolas han decidido declarar el estado de emergencia nacional en la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila para intensificar la lucha contra los devastadores incendios forestales que asolan el centro de España.
Esta decisión, anunciada el viernes por las autoridades, tiene como objetivo acelerar la movilización de recursos y mejorar la coordinación de las labores de respuesta ante la emergencia, ya que varios incendios permanecen activos.
Las medidas excepcionales desplegadas por el Gobierno permiten al Gobierno central asumir el mando de las operaciones, responsabilidad que habitualmente recae en las comunidades autónomas. La Unidad Militar de Emergencias (UME) será la encargada de coordinar las intervenciones en las distintas zonas afectadas.
El Ministerio del Interior español indica que esta medida se debe al aumento simultáneo de incendios, a las condiciones meteorológicas especialmente adversas y a la dificultad de las operaciones de extinción. Según informaciones de los medios, más de 10.000 residentes ya han sido evacuados en la Comunidad de Madrid debido al avance de las llamas.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó que se han desplegado todos los recursos disponibles para hacer frente a esta crisis, que también afecta a las provincias de Ávila, León, Toledo y Guadalajara. Instó a la población a seguir estrictamente las instrucciones de seguridad emitidas por las autoridades.
El mayor incendio se localiza en la provincia de Guadalajara, a unos 100 kilómetros al norte de Madrid, donde casi 32.000 hectáreas han sido arrasadas en tan solo una semana.
Desde principios de año, el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) estima que aproximadamente 125.000 hectáreas ya han sido devastadas en España, en un contexto marcado por una persistente ola de calor y sequía que favorecen la rápida propagación de los incendios.
Según EFFIS, para 2025, más de 393.000 hectáreas habrán sido consumidas por las llamas en España, lo que representa el peor registro en la historia reciente del país.


