Egipto acogerá en 2028 la COP18 sobre la lucha contra la desertificación, cuyo principal desafío será reactivar las negociaciones internacionales sobre un marco vinculante para hacer frente a la sequía.
La candidatura egipcia para albergar la COP18 fue aprobada por unanimidad por los Estados parte de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), durante la clausura de la COP17 en Ulán Bator, Mongolia, anunció el domingo 30 de agosto el Ministerio egipcio de Asuntos Exteriores.
El Cairo había defendido su candidatura en coordinación con varias administraciones nacionales, especialmente el Ministerio de Agricultura y Rehabilitación de Tierras, punto focal egipcio de la Convención. Esta designación prolonga el posicionamiento diplomático de Egipto en cuestiones medioambientales, tras la organización de la COP17 sobre el clima en Sharm el-Sheij en 2022 y de la COP14 sobre biodiversidad en 2018.
Sin embargo, la celebración de la COP18 representa algo más que un éxito diplomático. La conferencia deberá retomar uno de los asuntos más sensibles que quedaron pendientes en Ulán Bator. La COP17, concluida el 28 de agosto, no permitió que las delegaciones alcanzaran un acuerdo sobre un instrumento internacional vinculante destinado a reforzar la prevención y la gestión de las sequías.
Las negociaciones fueron, por tanto, aplazadas hasta la sesión que se celebrará en Egipto en 2028. Paralelamente, los Estados parte mantuvieron el presupuesto anual de la Convención en torno a los 10 millones de euros.
Adoptada tras la Cumbre de la Tierra de Río de 1992 y en vigor desde 1996, la Convención constituye el principal marco multilateral dedicado a la desertificación, la degradación de las tierras y los efectos de la sequía. Desde mayo de 2025 está dirigida por Yasmine Fouad, exministra egipcia de Medio Ambiente.
La urgencia de esta cuestión se ve acentuada por el deterioro de los suelos a escala mundial. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), presentado durante la COP17, señala que los suelos sustentan alrededor del 95 % de la producción mundial de alimentos. Su creciente erosión debilita los rendimientos agrícolas y aumenta la exposición de los territorios tanto a las sequías como a las inundaciones.
En África, la degradación de las tierras también se ve agravada por la minería ilegal, responsable de la contaminación de los suelos y de los recursos hídricos. Una coalición africana lanzada por iniciativa de Costa de Marfil busca reforzar la cooperación transfronteriza, el intercambio de información y la financiación de la restauración de los ecosistemas.
En 2028, Egipto deberá transformar estas iniciativas en compromisos más sólidos, en un contexto en el que la seguridad hídrica y alimentaria ocupa un lugar cada vez más importante en las negociaciones internacionales.
SG/RT/APA

