La abrupta caída del presidente venezolano, Nicolás Maduro, anunciada tras una operación estadounidense en Venezuela, ha tenido eco hasta en Argel, donde el poder venezolano figuraba entre los aliados políticos y energéticos más constantes de Argelia.
En este contexto, el anuncio de la detención del presidente venezolano por fuerzas estadounidenses, al término de una operación militar lanzada el sábado 3 de enero, se presenta como un verdadero shock diplomático para Argel. Caracas había sido, durante varios años, uno de los socios políticos y energéticos privilegiados de las autoridades argelinas, con ambas capitales defendiendo de manera recurrente una misma línea en favor del multilateralismo Sur-Sur y manteniendo una estrecha coordinación dentro de la OPEP.
Esta cercanía no se limitaba al plano discursivo. Se materializó al más alto nivel durante la visita de Nicolás Maduro a Argel en junio de 2022, ocasión en la que el presidente Abdelmadjid Tebboune elogió unas “relaciones históricas densas” y evocó vías concretas de refuerzo bilateral, entre ellas el anuncio de la apertura de una conexión aérea Argel-Caracas. En el mismo espíritu, ambos países destacaban entonces una convergencia de posiciones en varios expedientes internacionales, especialmente en materia de soberanía de los Estados y gobernanza energética mundial.
Como prolongación de esta dinámica, Argel continuó en los últimos años manteniendo canales políticos activos con Caracas. La prensa y los medios públicos argelinos informaron, por ejemplo, de la participación de un representante de la Presidencia argelina en una ceremonia de investidura en Venezuela, señal de la voluntad de preservar relaciones institucionales regulares con el poder venezolano. Este registro de “relaciones estratégicas” fue además ampliamente difundido por medios próximos a la comunicación oficial.
Por ello, la prensa argelina ha seguido con especial atención, desde el sábado, la secuencia de acontecimientos en Caracas. La agencia oficial APS informó de la detención de Maduro y de su traslado fuera de Venezuela, mientras que el diario El Moudjahid describió la operación como un giro peligroso, subrayando tanto la onda expansiva diplomática como el riesgo de una escalada internacional.
Al día siguiente, el relato mediático cambió de registro. La cobertura se desplazó hacia el “pos-Maduro”, tras el anuncio —difundido a escala internacional— de una decisión del Tribunal Supremo venezolano que confió la presidencia interina a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, en un contexto marcado por la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para examinar la situación.
Sin embargo, en segundo plano permanece una constante: la ausencia de una reacción oficial argelina respecto a la operación estadounidense y a la detención de Nicolás Maduro.


