Una marea humana exultante inundó, el miércoles por la tarde, las principales avenidas de Rabat, capital de Marruecos, para aclamar a los Leoncitos del Atlas, de regreso al país tras su histórico triunfo en la Copa Mundial Sub-20 de fútbol, disputada en Chile.
La jornada comenzó con una ceremonia protocolaria cargada de simbolismo: los jugadores, miembros del cuerpo técnico y responsables de la Federación Real Marroquí de Fútbol fueron recibidos en el Palacio Real de Rabat por el Príncipe Heredero Moulay El Hassan, quien les transmitió las cálidas felicitaciones y la alta consideración del Rey Mohammed VI.
En una atmósfera impregnada de orgullo y emoción, el Príncipe Heredero saludó uno por uno a los jugadores, posando con ellos para la foto oficial. Este momento solemne marcó el inicio de una celebración popular a la altura del extraordinario logro histórico alcanzado por los jóvenes futbolistas.
A la salida del Palacio Real, el autobús panorámico decorado con los colores rojo y verde y con el lema “Campeones del Mundo Sub-20” avanzó lentamente entre una multitud compacta que se agolpaba a lo largo de la Avenida Mohammed V, desde la Plaza del Parlamento hasta el bulevar Hassan II y Bab El Had. Banderas ondeando, bocinas resonando y cánticos patrióticos acompañaron cada metro de este desfile triunfal.
Desde el techo del autobús, los jugadores —medallas al cuello— saludaban a la multitud alzando con orgullo la bandera nacional. Sus rostros radiantes y sus ojos húmedos de emoción reflejaban la trascendencia histórica de este título mundial, el primero conquistado por una selección marroquí en un Mundial de fútbol.
“Es un día histórico. Es la segunda vez que vivo una fiesta deportiva así en Rabat, después de la del regreso de nuestra selección del Mundial de Catar”, comenta Soukaina, de 22 años, con la bandera al hombro. “Estos jóvenes nos devolvieron el orgullo y la esperanza”, añadió emocionada.
Las familias salieron en gran número, envueltas en rojo y verde. Jóvenes aficionados treparon a los postes de alumbrado para ver mejor a sus héroes. El paso del autobús desataba olas de vítores, aplausos y cánticos coreados al unísono: “¡Dima Maghrib!” (¡Siempre Marruecos!).
El desfile culminó frente a la sede central de Correos, donde los jugadores fueron recibidos por una multitud enardecida. Los hinchas no dejaron de corear los nombres de sus ídolos: el portero heroico Yanis Benchaouch, el goleador decisivo de la final Yassir Zabiri y el delantero Othmane Maamma, convertidos ya en símbolos de una juventud triunfante.
La capital vibró hasta altas horas de la noche al ritmo de los ululeos, tambores y percusiones, dando a este desfile un aire de auténtica fiesta nacional.


