Estados Unidos contempla una nueva iniciativa diplomática, impulsada por el presidente Donald Trump, para tratar de resolver el persistente diferendo entre Egipto y Etiopía en torno a la Gran Presa del Renacimiento (GERD). Sin embargo, el éxito de esta iniciativa dependerá de la voluntad política de Adís Abeba.
La tensión entre ambos países ha vuelto a aumentar. El presidente egipcio Abdel Fattah al-Sissi denunció la “gestión indisciplinada” de la presa, acusando a Etiopía de perjudicar a los países situados aguas abajo mediante descargas de agua no reguladas, decididas de manera unilateral. Etiopía, por su parte, reafirma su derecho soberano a explotar sus recursos hídricos y presenta el proyecto como un pilar de su desarrollo nacional.
En este contexto, Massad Boulos, asesor del presidente estadounidense para Asuntos Árabes, de Oriente Medio y de África, anunció la posibilidad de una intervención diplomática directa de Washington. Según él, una reunión entre al-Sissi y el primer ministro etíope Abiy Ahmed, promovida por el presidente Trump, sería “probable” para reactivar el diálogo sobre la gestión de la presa.
Boulos precisó que el caso del GERD sigue siendo un asunto estratégico para Estados Unidos, que busca promover un enfoque técnico y pacífico del conflicto. A juicio de Washington, el problema ha dejado de ser político desde que la construcción de la presa se convirtió en un hecho consumado.
Este retorno estadounidense marca una reanudación de su papel mediador tras el fracaso de la mediación de 2019–2020, dirigida por Estados Unidos y el Banco Mundial, cuando se redactó un acuerdo que Etiopía rechazó en el último momento. La administración Trump parece ahora dispuesta a recuperar su papel de árbitro regional.
Según el analista de asuntos africanos Ramadan Qorani, esta iniciativa “representa un desarrollo positivo y un éxito para la diplomacia egipcia”. También se inscribe en el deseo de Washington de recuperar influencia en África, donde compite con la creciente presencia diplomática de China, Rusia y Turquía.
Qorani señala que Estados Unidos dispone de varios medios de presión sobre Etiopía: influencia económica, ayuda financiera y cooperación en materia de seguridad. Dado que Etiopía enfrenta una deuda elevada, conflictos internos en Tigray, Amhara y Oromía, y una fuerte dependencia de la ayuda internacional, sigue siendo sensible a las posturas estadounidenses.
Una presión coordinada de Washington podría incitar a Etiopía a reanudar las negociaciones con Egipto, interrumpidas desde hace varios meses. No obstante, la credibilidad de la mediación dependerá de la capacidad estadounidense para mantener una verdadera neutralidad, ya que Adís Abeba consideró la mediación anterior demasiado favorable a El Cairo.
Aunque el retorno de Estados Unidos constituye una señal diplomática fuerte, el desenlace del asunto depende sobre todo de la voluntad etíope. “La cuestión es saber si Etiopía está realmente dispuesta a comprometerse de manera constructiva y sincera en nuevas negociaciones”, subraya Qorani.
Sin este compromiso, advierten varios observadores, ninguna mediación podrá superar las profundas divergencias en torno a la gestión de las aguas del Nilo Azul, fuente de tensiones entre ambos países desde hace más de catorce años.

