Las elecciones presidenciales organizadas en septiembre y octubre de 2025 en seis países africanos se inscriben en la continuidad de las dinámicas electorales observadas en 2024, aunque con una clara predominancia del mantenimiento en el poder de los dirigentes salientes, constató APA.
De cinco elecciones presidenciales, tres mandatarios en funciones consolidaron su poder al buscar mandatos controvertidos, mientras que se registraron dos alternancias. En Madagascar, una transición militar interrumpió el mandato del presidente Andry Rajoelina, confirmando el carácter cada vez más imprevisible de las transiciones políticas africanas del siglo XXI.
Las elecciones de septiembre y octubre de 2025 ofrecen un contraste sorprendente con la ola de renovación democrática que había caracterizado el año 2024, cuando países como Senegal, Ghana, Botsuana y Mauricio conocieron alternancias pacíficas saludadas por el Centro Africano de Estudios Estratégicos como “una demostración poderosa de las perspectivas de reparto del poder y de renovación democrática”.
De las cinco elecciones presidenciales organizadas en septiembre-octubre de 2025, tres fueron ganadas por presidentes salientes: Paul Biya en Camerún (53,66 %), Alassane Ouattara en Costa de Marfil (89,77 %) y Samia Suluhu Hassan en Tanzania (97,66 %). Dos comicios registraron alternancias: en Malaui, con el retorno del expresidente Peter Mutharika (56,8 %), y en Seychelles, donde el candidato de la oposición Mathew Antonio Patrick Herminie (52,7 %) derrotó al presidente saliente Wavel Ramkalawan.
Mandatos controvertidos que contrastan con el espíritu de 2024
A diferencia de 2024, cuando ocho elecciones nacionales fueron consideradas “verdaderamente competitivas”, los comicios de septiembre-octubre de 2025 estuvieron marcados por controversias sobre la constitucionalidad de las candidaturas. En Camerún, Paul Biya, de 92 años y en el poder desde 1982, fue reelegido para un octavo mandato con el 53,66 % de los votos, en un contexto de tensiones poselectorales. Su principal rival, Issa Tchiroma Bakary, impugna los resultados y reivindica un 54,8 % según sus propios cálculos.
En Costa de Marfil, el presidente Alassane Ouattara, de 83 años, fue reelegido el 25 de octubre para un cuarto quinquenio, considerado anticonstitucional por la oposición, con el 89,77 % de los votos emitidos (3.759.030 sufragios) sobre una participación del 50,10 %. El escrutinio se celebró en un contexto de boicot del Frente Común PPA-CI/PDCI, tras el rechazo del Consejo Constitucional de las candidaturas del expresidente Laurent Gbagbo y de Tidjane Thiam. Este último calificó la elección de “golpe de Estado” y de “asalto electoral”, un vocabulario que recuerda las acusaciones de fraude que empañaron los comicios de Mozambique y Namibia en 2024.
En Tanzania, la presidenta saliente Samia Suluhu Hassan fue reelegida el 29 de octubre con el 97,66 % de los votos, pero los principales partidos de la oposición, en particular el CHADEMA de Tundu Lissu y el ACT-Wazalendo, habían sido descalificados. El escrutinio estuvo marcado por violencias que causaron al menos diez muertos, según la ONU, y las autoridades impusieron un toque de queda y restricciones al acceso a Internet durante y después de las elecciones.
Dos alternancias que recuerdan el espíritu de 2024
En Malaui, Peter Mutharika, del Partido Democrático Progresista (DPP), ganó las elecciones del 16 de septiembre con el 56,8 % de los votos (3.035.249 sufragios) contra el 33 % (1.765.170 votos) del presidente saliente Lazarus Chakwera. Esta alternancia, con una participación récord del 76,4 % de los 7,2 millones de inscritos, recuerda los traspasos de poder observados en 2024 en Senegal, donde Bassirou Diomaye Faye, de 44 años, se convirtió en el jefe de Estado más joven elegido del continente, o en Ghana, donde John Dramani Mahama había realizado un retorno espectacular a la presidencia.
En Seychelles, Mathew Antonio Patrick Herminie, del partido United Seychelles, ganó la segunda vuelta celebrada los días 9, 10 y 11 de octubre con el 52,7 % de los votos (34.389 sufragios) contra el 47,3 % (30.823 votos) del presidente saliente Wavel Ramkalawan, quien reconoció su derrota con la misma “madurez” y “filosofía” que los vencidos de 2024. Esta alternancia evoca la de Botsuana en 2024, donde Duma Boko puso fin a la hegemonía del Botswana Democratic Party, en el poder desde 1964.
Madagascar: una transición militar inesperada
En Madagascar, la Alta Corte Constitucional declaró el martes 14 de octubre la vacancia de los cargos de Presidente de la República y Presidente del Senado, constatando la imposibilidad de que Andry Rajoelina y el presidente del Senado ejercieran sus funciones. El interinato fue confiado al coronel Michaël Randrianirina, del CAPSAT, bajo el control de la Alta Corte, con la obligación de organizar elecciones presidenciales en un plazo de 30 a 60 días.
La decisión siguió a una denuncia del vicepresidente de la Asamblea Nacional, Siteny Randrianasoloniaiko, quien señalaba violaciones repetidas de la Constitución y disfunciones del Estado. A pesar del intento del presidente Rajoelina de disolver la Asamblea, los parlamentarios votaron el 14 de octubre una moción de impedimento con 130 votos a favor y una abstención, de 131 diputados presentes.
El coronel Randrianirina proclamó la creación del Consejo de Defensa Nacional de Transición (CDNT) para ejercer las prerrogativas presidenciales junto a un gobierno de transición, mientras la Asamblea Nacional permanece en funciones.
La transición, de una duración máxima de dos años, tiene por objetivo restablecer la estabilidad, preparar un “retorno a la legalidad republicana” y organizar un referéndum constitucional y elecciones generales. Un gobierno civil nombrado en los días siguientes se encargará de los asuntos corrientes, mientras la función presidencial permanecerá bajo control militar temporal.
Esta transición militar en Madagascar se inscribe en la continuidad de las rupturas institucionales observadas en 2024 y recuerda las transiciones vacilantes y los aplazamientos electorales en Sudán del Sur, Malí y Burkina Faso, donde los conflictos sirvieron de pretexto para retrasar los comicios y consolidar el poder.
En Guinea, el referéndum constitucional del 21 de septiembre fue aprobado con el 89,38 % (5.135.951 votos) y una participación del 86,42 %. El proyecto prevé un mandato presidencial de siete años, renovable una sola vez, y abre la vía para que el general Mamadi Doumbouya se presente a las próximas presidenciales. Esta transición constitucional, como la de Madagascar, ilustra la persistencia de las intervenciones militares en las transiciones políticas africanas.
Comicios en un contexto regional frágil
Estas elecciones se desarrollaron en un contexto marcado por los desafíos identificados en 2024: tensiones diplomáticas persistentes (RDC-Ruanda, Somalia-Etiopía), guerra de influencia entre potencias orientales y occidentales, caos climático con más de 3 millones de personas afectadas por las inundaciones en Nigeria, conflictos no resueltos en Sudán y la RDC a pesar de varias iniciativas diplomáticas —entre ellas las de Estados Unidos y Catar— y presiones económicas con una inflación persistente, pese a un crecimiento regional del PIB de alrededor del 3,8 %.
A pesar de las felicitaciones de la CEDEAO por el “desarrollo pacífico” de las elecciones marfileñas, el ciclo electoral de septiembre-octubre de 2025 confirma que los comicios africanos del siglo XXI “se vuelven cada vez más imprevisibles y arduamente disputados”, como ya había señalado el Centro Africano de Estudios Estratégicos en 2024, aunque con una tendencia preocupante al mantenimiento de dirigentes que buscan mandatos considerados anticonstitucionales por sus respectivas oposiciones y al surgimiento de nuevas transiciones militares.
Este período electoral revela así una África oscilando entre logros notables y retrocesos, donde las imágenes de “vencedores magnánimos en la victoria y vencidos mostrando madurez” coexisten con comicios disputados, oposiciones excluidas, violencias poselectorales y rupturas institucionales militares, reflejando los “contrastes llamativos” que caracterizan al continente desde 2024.


