Los dirigentes africanos y europeos se reunieron el lunes en Luanda, Angola, para la séptima edición de la Cumbre Unión Europea–África, un encuentro de dos días destinado a reforzar los vínculos políticos y económicos entre ambos continentes.
Las discusiones se centran principalmente en el comercio, las migraciones y el acceso a materias primas estratégicas. La Unión Europea sigue siendo el principal socio comercial de África, con intercambios que alcanzaron los 538.000 millones de dólares en 2023.
Sin embargo, la influencia europea se enfrenta a una creciente competencia de China, muy activa en el sector minero, y de Rusia, cuyo papel en materia de seguridad se ha reforzado en varios países africanos. La cumbre tiene lugar en un momento en que las grandes potencias compiten por ampliar su presencia en África.
El encuentro también se celebra poco después de la cumbre del G20 en Sudáfrica, marcada por la ausencia del presidente estadounidense, lo que puso de manifiesto las tensiones geopolíticas globales. Para los países africanos, esta cumbre confirma la importancia estratégica del continente, tanto por sus recursos naturales como por su creciente peso diplomático en la escena internacional.
Al margen de las discusiones oficiales, los dirigentes europeos mantienen reuniones de urgencia sobre la situación en Ucrania, tras nuevas negociaciones celebradas en Ginebra sobre una versión revisada del plan de paz estadounidense.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, anunció que los 27 Estados miembros celebrarán consultas en Luanda, algunos de manera presencial y otros por videoconferencia, con el fin de armonizar su posición sobre el expediente ucraniano.


