La Tierra vive ya “por encima de sus medios” en materia de agua, según un informe publicado este miércoles por el Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud. El estudio afirma que la humanidad ha entrado en una “era de quiebra hídrica mundial”.
El diagnóstico es contundente: en muchas regiones del mundo, gestos cotidianos como ducharse, beber agua del grifo o regar un campo dependen de un recurso que ya no se renueva.
“La palabra crisis sugiere algo temporal. Sin embargo, en muchas cuencas, la antigua normalidad ya ha desaparecido”, explicó el martes Kaveh Madani, director del instituto de la ONU, durante la rueda de prensa diaria de Naciones Unidas en Nueva York.
El informe introduce el concepto de “quiebra hídrica” para describir un estado poscrisis duradero en el que el uso y la contaminación del agua han superado los aportes renovables, dañando de forma irreversible los acuíferos, humedales, suelos, ríos y glaciares.
Como en un balance contable en déficit, la humanidad no solo ha consumido su “ingreso hidrológico”, sino que también ha empezado a gastar sus “ahorros”.
Las cifras son alarmantes: más de la mitad de los grandes lagos del mundo han disminuido desde la década de 1990; el 70 % de los grandes acuíferos muestra una tendencia de descenso a largo plazo; y 410 millones de hectáreas de humedales han desaparecido desde 1970, señala el documento. Esta pérdida equivale a unos 5,1 billones de dólares anuales en servicios ecosistémicos.
Casi tres cuartas partes de la población mundial viven en países con una situación hídrica “precaria”. Más de 4.000 millones de personas sufren una escasez severa de agua al menos un mes al año, y la mitad de la producción alimentaria mundial procede de regiones donde el almacenamiento total de agua está disminuyendo o se vuelve inestable.
Ante esta realidad, el informe insta a abandonar las respuestas de emergencia y a adoptar una “gestión de la quiebra” estructurada: detener la hemorragia, proteger los servicios esenciales y reestructurar los derechos sobre el agua que ya no son sostenibles.
“Si seguimos tratando estos fracasos como crisis temporales, profundizaremos los daños ecológicos y alimentaremos los conflictos sociales”, advirtió Madani, subrayando que los costos recaen primero sobre los pequeños agricultores, los pueblos indígenas y las poblaciones urbanas pobres.
Las próximas conferencias de la ONU sobre el agua, previstas para 2026 y 2028, constituyen —según el informe— una ventana crítica para “reiniciar la agenda mundial del agua”.
“Nuestro mensaje no es de desesperación, sino de claridad. Cuanto antes afrontemos el verdadero balance, más opciones tendremos”, concluyó el director del instituto.


