El paso del ciclón Fytia por Madagascar provocó graves inundaciones y daños considerables en el noroeste del país, profundizando la vulnerabilidad de una población ya afectada por crisis políticas, económicas y climáticas recurrentes.
Según un balance provisional de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), al menos siete personas murieron, una permanece desaparecida y varias resultaron heridas. Más de 20.000 personas fueron desplazadas tras la destrucción o inundación de sus viviendas.
Las primeras evaluaciones señalan que más de 14.000 casas y unas 250 aulas escolares resultaron dañadas, afectando la escolaridad de miles de niños. Las lluvias intensas también impactaron a la capital, Antananarivo, evidenciando la fragilidad de las infraestructuras frente a fenómenos climáticos extremos.
Aunque el gobierno desplegó ayuda alimentaria y operaciones de emergencia, la respuesta humanitaria enfrenta fuertes limitaciones logísticas y de abastecimiento.
La situación se ve agravada por la inestabilidad política que atraviesa Madagascar, inmersa en una transición tras la destitución del presidente Andry Rajoelina y suspendida de la Unión Africana, en un contexto de crisis humanitaria persistente.

