Egipto anunció la instalación de su primera planta de cianuro de sodio en Alejandría, un proyecto estratégico orientado a la minería de oro africana y, a futuro, a las baterías de nueva generación.
La fábrica, impulsada por la empresa Draschem, prevé iniciar producción en 2028, con una inversión inicial de 200 millones de dólares y una capacidad anual de 50.000 toneladas.
El cianuro de sodio es un insumo clave para la extracción industrial de oro. Las autoridades egipcias consideran que la planta permitirá captar mayor valor añadido en un sector en expansión, dado que África concentra alrededor del 25 % de la producción mundial de oro, y aprovechar los acuerdos comerciales del país en el continente.
El proyecto se desarrollará en tres fases. Tras la etapa inicial, se prevé duplicar la capacidad y producir derivados del cianuro. En una tercera fase, Egipto aspira a fabricar componentes para baterías de iones de sodio, una tecnología presentada como alternativa más barata y sostenible frente a las baterías de litio.
Los promotores destacan las ventajas logísticas y energéticas del país, como la cercanía a los mercados africanos y de Oriente Medio, la infraestructura portuaria y la disponibilidad de gas natural. El proyecto podría generar hasta 500 empleos directos y 120 millones de dólares anuales en ingresos por exportaciones.
Sin embargo, el cianuro de sodio plantea riesgos ambientales y sanitarios elevados. Las autoridades no han detallado aún los mecanismos de seguridad ni de gestión de residuos, lo que genera inquietud en un contexto de frecuentes críticas a la contaminación industrial. El proyecto refleja la ambición de Egipto como hub industrial regional, pero también abre interrogantes sobre la solidez de los controles ambientales y la dependencia de sectores volátiles.


