La Organización de las Naciones Unidas advirtió sobre una escalada alarmante de la violencia en el este de República Democrática del Congo, donde el uso de drones, artillería y armas explosivas está afectando directamente a la población civil.
Ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, la responsable adjunta de derechos humanos, Nada Al-Nashif, denunció que todas las partes implicadas en el conflicto están atacando zonas densamente pobladas, poniendo en riesgo a civiles e infraestructuras esenciales.
Según la ONG ACLED, en febrero se registraron cerca de 30 ataques con drones y bombardeos aéreos, un récord mensual. Uno de estos ataques causó la muerte de una trabajadora de UNICEF en Goma.
La violencia se ha extendido a nuevas zonas, incluyendo infraestructuras estratégicas como el aeropuerto de Kisangani, mientras la población queda atrapada entre grupos armados, tensiones étnicas y la lucha por el control de recursos naturales.
Entre octubre de 2025 y febrero de 2026, la ONU ha documentado al menos 600 ejecuciones sumarias que han causado más de 1.300 muertos, además de miles de abusos en provincias como Kivu del Norte, Kivu del Sur, Ituri y Maniema.
Entre los principales actores figuran el M23, las Fuerzas Democráticas Aliadas y la milicia CODECO, además de fuerzas gubernamentales implicadas en violaciones de derechos humanos.
Ante esta situación, la ONU ha instado a Ruanda a retirar sus tropas del territorio congoleño y ha pedido a la comunidad internacional intensificar la presión diplomática, en un contexto donde la respuesta sigue siendo limitada y la misión MONUSCO ha reducido su capacidad operativa.


