El ministro de Seguridad de Burkina Faso, Mahamadou Sana, inició el 31 de mayo de 2026 una visita de trabajo a Bamako para reunirse con su homólogo maliense, Daoud Aly Mohammedine, en un contexto marcado por el deterioro de la situación de seguridad en las zonas fronterizas y la llegada de nuevos refugiados burkineses al territorio maliense.
Durante la visita, ambos responsables abordaron el fortalecimiento de la cooperación entre Mali y Burkina Faso en materia de lucha contra los grupos armados, control de las fronteras, protección de las poblaciones civiles y coordinación de las fuerzas de seguridad. Los dos países, junto con Níger, forman parte de la Confederación de los Estados del Sahel (AES).
La reunión se produce pocos días después de una alerta del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) sobre la llegada de nuevos refugiados burkineses a la localidad de Koro, en la región maliense de Bandiagara, cerca de la frontera con Burkina Faso.
Según ACNUR, los desplazados proceden de varios pueblos de la comuna de Toéni, en la provincia de Sourou, y huyeron tras ataques armados registrados en sus localidades. La mayoría son mujeres, niños y personas mayores que llegaron a Koro a pie o en motocicleta.
Las organizaciones humanitarias y las autoridades locales evalúan actualmente las necesidades de los recién llegados, especialmente en materia de alojamiento, alimentación, agua potable, atención médica y apoyo psicosocial.
De acuerdo con datos humanitarios, Mali acogía a comienzos de 2026 a más de 165.000 refugiados procedentes de Burkina Faso y Níger. La zona de Koro concentra una gran parte de estos desplazados, lo que aumenta la presión sobre los servicios básicos y las comunidades de acogida.
Las conversaciones de Bamako también se desarrollan en un contexto regional marcado por los ataques coordinados registrados el 25 de abril en Mali y por la persistente inseguridad en varias regiones fronterizas de Burkina Faso.

