La República Democrática del Congo (RDC) lanzó la iniciativa «Río sin Ébola» para reforzar la vigilancia sanitaria entre Kisangani y Kinshasa y prevenir la propagación de la enfermedad por el virus del Ébola de la cepa Bundibugyo a lo largo del principal corredor fluvial del país.
Ante el riesgo de propagación desde Kisangani, donde se han registrado diez casos, el Gobierno congoleño puso en marcha un dispositivo multisectorial para reforzar la prevención, detección y atención de posibles casos. La iniciativa, respaldada por un mecanismo interinstitucional que incluye a la OMS, la OIM, UNICEF y el PMA, cuenta con una financiación de 9 millones de dólares de Naciones Unidas y busca impedir que el virus avance hacia ciudades ribereñas como Mbandaka y Kinshasa, así como hacia países vecinos, entre ellos la República del Congo y la República Centroafricana.
El dispositivo contempla reforzar la vigilancia en los puertos y otros puntos de entrada, instalar un sistema integrado de alerta temprana, mejorar los equipos sanitarios y crear redes comunitarias para detectar rápidamente casos sospechosos.
Más de diez ministerios, catorce instituciones públicas, autoridades provinciales, operadores fluviales, organizaciones de la sociedad civil y socios técnicos y financieros participan en la operación. También se prevén formaciones para armadores, capitanes, controladores fluviales, trabajadores sanitarios y agentes comunitarios.
El programa incluye capacidades de aislamiento y atención en puntos estratégicos como Kisangani, Mbandaka, Kwamouth y Kinshasa, además de un dispositivo para gestionar posibles cuarentenas de embarcaciones y una red de laboratorios móviles flotantes.
Según los datos recogidos en el documento, hasta el 18 de agosto de 2026 se contabilizaban 5.208 casos confirmados y más de 2.476 muertes, con una tasa de letalidad del 47,5 %. La epidemia se había extendido a 56 zonas sanitarias de seis provincias y era considerada la segunda mayor epidemia de Ébola jamás documentada.
La primera fase de «Río sin Ébola», prevista para tres meses, estará centrada en equipar los puntos de control, reforzar las capacidades locales, intensificar la vigilancia sanitaria y sensibilizar a las comunidades del corredor fluvial.
Más allá de la actual emergencia, las autoridades congoleñas y sus socios pretenden convertir el río Congo en una línea permanente de defensa sanitaria y fortalecer la capacidad del país para responder a futuras epidemias.
SG/RT/APA

