Según José Barahona, coordinador residente de la ONU en Yibuti, la mayoría de los recién llegados son mujeres y niños que escaparon de los bombardeos en Yemen, especialmente en las proximidades del puerto de Mokha.
Obock, una ciudad de unos 20.000 habitantes, enfrenta graves dificultades de acceso al agua y a los alimentos. Cerca de una cuarta parte de su población padece inseguridad alimentaria aguda.
La crisis se agrava por el tránsito anual de entre 250.000 y 300.000 migrantes, principalmente etíopes, que atraviesan Yibuti rumbo a Yemen y los países del Golfo.
La peligrosidad de esta ruta quedó evidenciada por el reciente naufragio de una embarcación con más de 300 personas a bordo, que dejó 139 cadáveres recuperados y 84 desaparecidos.
Ante la emergencia, las agencias de la ONU intensificaron su asistencia. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) distribuye 1.500 comidas calientes dos veces al día, mientras el Programa Mundial de Alimentos (PMA), UNICEF y ACNUR proporcionan ayuda alimentaria, agua y asistencia a los refugiados.
Yibuti acoge actualmente a unos 35.000 refugiados de países vecinos, además de los numerosos migrantes que transitan por su territorio.
Sin embargo, de los siete millones de dólares necesarios para responder a esta nueva crisis, solo se han confirmado 2,8 millones.
La ONU hizo un llamamiento urgente a la comunidad internacional para reforzar la ayuda humanitaria y apoyar a las comunidades de acogida.
SG/RT/APA

