El 46º Foro Cultural Internacional de Asilah dedicó un panel de alto nivel a la visión estratégica marroquí para el África Atlántica. Expertos y diplomáticos debatieron sobre esta iniciativa real destinada a hacer de este espacio marítimo un actor importante de la gobernanza mundial, al mismo tiempo que favorece la integración económica de 23 países ribereños y la apertura al mar de cuatro Estados del Sahel.
Un panel de alto nivel dedicado a «El África Atlántica: hacia una visión africana integrada del espacio atlántico» se celebró el martes en el Centro Hassan II de Encuentros Internacionales de Asilah, en el marco de la sesión de otoño del 46º Foro Cultural Internacional de esta ciudad costera, situada al sur de Tánger.
Moderado por la embajadora Nouzha Chekrouni, Senior Fellow en el Policy Center for the New South, este encuentro reunió a expertos y diplomáticos de primer nivel para debatir sobre la visión estratégica de Marruecos destinada a hacer del África Atlántica un actor imprescindible de la gobernanza marítima mundial.
Una iniciativa real con doble dimensión
Al acoger a los debatientes, Hatim Betioui, secretario general de la Fundación del Foro de Asilah, expresó la esperanza de que esta sesión sea «una ocasión para intercambiar puntos de vista y establecer medidas concretas, a fin de converger hacia un objetivo común: el de un África sólida, cooperativa e integrada en su entorno estratégico».
Jamal Machrouh, Senior Fellow en el Policy Center for the New South, aclaró desde el principio un punto esencial: se trata en realidad de dos iniciativas distintas. La primera concierne a los 23 Estados africanos ribereños del Atlántico, desde Marruecos hasta Sudáfrica (del cabo Espartel al cabo de Buena Esperanza), en un esquema de integración económica y de coordinación política. La segunda apunta a facilitar el acceso al océano Atlántico a cuatro Estados sin litoral del Sahel: Chad, Níger, Burkina Faso y Malí.
El experto subrayó que esta visión se inscribe en la continuidad de la política exterior marroquí, retomando la herencia de la cooperación Sur-Sur, del regreso a la Unión Africana y de la cooperación de beneficio mutuo, y no en una lógica de ruptura.
Desarrollando esta perspectiva, Tarik Iziraren, secretario permanente del Proceso de los Estados Africanos Atlánticos, presentó esta iniciativa como «la consagración de la visión del Rey Mohammed VI», precisando que se apoya en un «liderazgo aceptado a nivel regional» por 23 países africanos ribereños del Atlántico.
El experto insistió en el carácter innovador de este enfoque, señalando que «es la primera vez que se tiene una visión africana de cooperación en el Atlántico que nos permitirá definir con total independencia nuestros intereses y prioridades».
Una arquitectura institucional estructurada
Esta doble dimensión se apoya en una estructura institucional clara, como explicó Iziraren. El Proceso de los Estados Africanos Atlánticos comprende una reunión de ministros de Asuntos Exteriores como órgano rector que da el impulso político y las grandes orientaciones, reuniones sectoriales temáticas, tres grupos de trabajo correspondientes a los tres pilares de la iniciativa y una secretaría encargada de la coordinación.
Testimoniando la creciente apropiación del proceso, la primera reunión de ministros de Asuntos Exteriores fuera de Marruecos se celebró en mayo en Cabo Verde, marcando una profundización del compromiso de los Estados miembros. En 2024, una reunión de ministros de Justicia estableció un marco de cooperación que integra no solo las cuestiones jurídicas y de seguridad, sino también la promoción de las inversiones, del comercio y del desarrollo sostenible.
En la última reunión en Nueva York, Benín se propuso acoger el próximo encuentro ministerial, mientras que Mauritania organizará una reunión sobre seguridad marítima y Camerún sobre planificación espacial marina.
Tres pilares para una visión integrada
Esta arquitectura institucional se articula en torno a tres pilares complementarios. El primero concierne al diálogo político y a la seguridad, frente a amenazas transfronterizas como el terrorismo y la criminalidad organizada. «El Sahel se ha convertido en el epicentro mundial del terrorismo», alertó Iziraren, subrayando que esta amenaza se desplaza hacia los países costeros y que más del 50 % de los actos terroristas mundiales se perpetran en los países del Sahel.
Más allá de la dimensión securitaria, el segundo pilar económico abarca la economía azul, la energía y la conectividad. Incluye proyectos estructurantes como el gasoducto África–Atlántico Marruecos–Nigeria, rebautizado para inscribirse en esta visión regional y que atraviesa 13 países, así como el desarrollo de puertos importantes como Tánger Med y el futuro puerto de Dajla Atlántico.
Completando este enfoque integrado, el tercer pilar concierne al desarrollo sostenible. «Si bien las respuestas de seguridad siguen siendo necesarias, no son suficientes», subrayó Iziraren, insistiendo en la necesidad de crear crecimiento económico y empleos para los jóvenes, teniendo en cuenta las necesidades de las generaciones futuras.
Retos geopolíticos y económicos
Ampliando la perspectiva, Mohammed Loulichki, Senior Fellow en el Policy Center for the New South, situó esta iniciativa en el contexto de las mutaciones geopolíticas mundiales. «El océano Atlántico asiste hoy a una mutación profunda en cuanto a su lugar en la configuración política y económica mundial», declaró, subrayando que ya no es solo una zona que conecta las riberas norte y sur, sino una escena de competencia y de cooperación.
En este contexto en mutación, subrayó la posición estratégica de Marruecos: actor importante en la transformación del fosfato, líder en energías renovables e hidrógeno verde, y plataforma comercial que conecta África con otros continentes. Marruecos se ha posicionado también como un socio fiable frente a los desafíos climáticos y energéticos.
Profundizando en el análisis económico, Jamal Machrouh explicó las tres convicciones geopolíticas que sustentan esta visión: la importancia del mar (que ya no es solo un vehículo de la riqueza, sino que se convierte en un factor de creación de riqueza), el valor de la integración regional y el imperativo de repensar África articulando seguridad y desarrollo.
«Los Estados sin litoral que no tienen acceso al mar pierden un 20 % de su PIB por el solo hecho de no tener acceso al mar», indicó, subrayando el reto económico del des-enclavamiento que permitiría no solo construir una carretera, sino operar un «des-enclavamiento global»: económico, infraestructural, mental y político, conectando estos Estados con la prosperidad y la estabilidad.
Una regionalización por las prácticas
Siguiendo este análisis, Driss Alaoui Belghiti, especialista sénior en relaciones internacionales en el Policy Center for the New South, examinó las dinámicas de integración en curso. Identificó una «regionalización por las prácticas» que se manifiesta en varios ámbitos, en particular la seguridad marítima, con iniciativas nacionales en Nigeria (iniciativa Deep Blue), en Marruecos (asegurando el Atlántico norteafricano) y en Sudáfrica (IBSAMAR con India y Brasil) que aseguran de facto la seguridad de diferentes zonas atlánticas en una división del trabajo en materia de seguridad.
También señaló la emergencia de un «regionalismo de hecho» a través de infraestructuras como el gasoducto África–Atlántico que atraviesa 13 países, el desarrollo de tres centros portuarios importantes (Tánger Med, el puerto de Lekki en Nigeria y Durban en Sudáfrica), y la articulación naciente sobre las energías renovables entre Marruecos (referencia en energía solar), Sudáfrica y Namibia (líderes en energía eólica), los tres presionados para convertirse en potencias del hidrógeno verde.
Sin embargo, Alaoui Belghiti advirtió contra un «regionalismo fragmentado» que frena la emergencia de una arquitectura institucional común. Citó las tensiones entre algunos países, las prioridades divergentes (Nigeria concentrada en la CEDEAO, Sudáfrica en la SADC y los BRICS, Marruecos invirtiendo en la fachada atlántica), y el hecho de que África históricamente pensó su integración por la tierra más que por el mar, este último siendo durante mucho tiempo asociado con los navíos negreros y la imagen de un punto de no retorno.
Frente a estos desafíos, Jamal Machrouh abogó por una mutualización de los medios frente a la inmensidad del espacio marítimo: «Más de 14 000 kilómetros de costas y 13 millones de kilómetros cuadrados de zona económica exclusiva requieren una mutualización de los medios de los que disponen los Estados africanos».
Citó el ejemplo del Instituto Nacional de Investigación Halieútica marroquí, que envió un barco de investigación científica a Benín y a Liberia para cartografiar los recursos pesqueros con expertos locales, ilustrando el tipo de cooperación concreta prevista.
Inscribiéndose en una dinámica de asociación internacional, el Proceso de los Estados Africanos Atlánticos ha establecido asociaciones con otras iniciativas atlánticas, en particular la de Portugal (cuyo centro atlántico depende del ministerio de Defensa y se concentra en las cuestiones de seguridad) y la de Estados Unidos lanzada en 2022. Iziraren señaló haber participado en el comité de redacción de las declaraciones estadounidenses y copresidido dos grupos de trabajo sobre la seguridad alimentaria y la planificación espacial marina.
Hacia un nuevo orden marítimo africano
En conclusión de estos ricos debates, los intervinientes subrayaron que esta visión real tiene como objetivo permitir a los países africanos salir del esquema tradicional de la ayuda al desarrollo para convertirse en «socios que aportan valor agregado sobre la base del ganar-ganar». Las experiencias han demostrado que el esquema tradicional donantes–beneficiarios no permite el desarrollo sostenible.
El objetivo es dotar de autonomía a África, permitirle definir sus intereses y prioridades con total independencia, y convertirse en un actor imprescindible de la gobernanza marítima mundial, particularmente en la cuenca atlántica.
Trazando las perspectivas futuras, el Proceso de los Estados Africanos Atlánticos será puesto de relieve en el Salón Internacional de Puertos organizado por el ministerio marroquí de Equipamiento y Agua a comienzos de 2026, marcando una nueva etapa en su institucionalización.

