La reciente adhesión manifestada por Benjamin Netanyahu al concepto expansionista de «Gran Israel» ha provocado una condena unánime en el mundo árabe, a la cual se ha sumado Marruecos.
Marruecos se sumó a más de 30 países árabes y musulmanes para rechazar las declaraciones del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien confirmó su adhesión al controvertido concepto de «Gran Israel». Una declaración conjunta, firmada bajo los auspicios de la Liga Árabe, la Organización de Cooperación Islámica (OCI) y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), denunció estas afirmaciones por considerarlas «contrarias al derecho internacional» y una «amenaza directa a la seguridad nacional árabe y a la estabilidad regional».
Durante una entrevista concedida el 12 de agosto al canal I24News, Netanyahu respondió «absolutamente» cuando se le preguntó si se adhería a la visión de un «Gran Israel». Sus palabras generaron de inmediato una ola de indignación en el mundo árabe, con varias capitales viendo en ello la confirmación de las intenciones expansionistas israelíes.
Egipto, que sufrió la ocupación del Sinaí tras la guerra de 1967, denunció una «provocación a la inestabilidad» y un rechazo a los esfuerzos de paz. Jordania habló de una «escalada provocadora y peligrosa», mientras que Irak advirtió contra «las ambiciones expansionistas de la entidad ocupante». Arabia Saudita, por su parte, reafirmó su rechazo a las «ideas de colonización y expansión», reiterando además su apoyo al derecho del pueblo palestino a establecer un Estado independiente.
Más allá de las palabras de Netanyahu, la declaración conjunta también condena la aprobación por parte del ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, de un plan de colonización en la zona E1 de Cisjordania, considerada como un enclave clave para bloquear la viabilidad de un futuro Estado palestino. Los firmantes recordaron su firme oposición a todas las políticas de anexión, a la violencia de los colonos y a las incursiones repetidas de las fuerzas israelíes en los territorios ocupados.
El concepto de «Gran Israel», reivindicado por ciertos sectores ultranacionalistas israelíes, se fundamenta en una interpretación religiosa de la Torá acerca de unas fronteras que abarcarían desde el Nilo hasta el Éufrates. Para sus críticos, se trata de una visión irrendentista y mesiánica que convierte la religión en un programa territorial. En la práctica, esta ideología se traduce en la colonización sistemática de Cisjordania, la anexión de los Altos del Golán y la presión militar sobre Gaza.
Según los analistas, la adhesión pública de Netanyahu a esta doctrina pone en evidencia una radicalización del discurso oficial israelí, comprometiendo cualquier perspectiva de paz y fortaleciendo los movimientos de contestación internacional. El proyecto de «Gran Israel», afirman, podría llevar al Estado hebreo a un callejón sin salida estratégico, intensificando su aislamiento diplomático y perpetuando una ocupación percibida como ilegítima a la luz del derecho internacional

