Marruecos conmemora este 20 de agosto el 72º aniversario de la Revolución del Rey y del Pueblo, una fecha simbólica que recuerda la profundidad del vínculo entre el trono y la nación. Los marroquíes celebran esta jornada con plena conciencia de que la marcha iniciada por sus antepasados hacia un país libre y soberano continúa hoy en la construcción de un Estado moderno y fuerte.
Esta revolución fue una de las páginas más notables de la historia contemporánea del país. Encarnó la resistencia tenaz de un pueblo unido detrás de su soberano frente al colonialismo francés. El exilio, el 20 de agosto de 1953, del sultán Mohammed V y de la familia real marcó un giro decisivo. Las autoridades coloniales, convencidas de que al apartar al símbolo de la unidad quebrarían el impulso nacionalista, se enfrentaron a una reacción inesperada: lejos de debilitarse, la cohesión entre el trono y el pueblo se fortaleció.
El pueblo marroquí se movilizó para defender su soberanía y preservar su identidad, librando una resistencia popular y política que obligó a la potencia colonial a ceder. La firmeza de esta lucha condujo al retorno triunfal de Mohammed V en 1955 y a la proclamación de la independencia el 2 de marzo de 1956. Este episodio permanece grabado en la memoria colectiva como símbolo de sacrificio, patriotismo y victoria de la voluntad nacional.
La Revolución del Rey y del Pueblo se inscribe también en la continuidad de las grandes batallas de resistencia a lo largo del territorio marroquí: desde la batalla de El Herri en 1914, la de Annual en el Rif entre 1921 y 1926, hasta los combates de Bougafer y Jbel Baddou en la década de 1930. Asimismo, prolonga la oposición al Dahir bereber de 1930, intento colonial de dividir a la nación acentuando diferencias étnicas y tribales.
La independencia se consolidó luego con la recuperación progresiva de los territorios que seguían bajo control extranjero: Tarfaya en 1958, Sidi Ifni en 1969, y posteriormente las provincias del Sur gracias a la Marcha Verde, iniciada por el rey Hassan II en 1975. Esta acción permitió, de manera pacífica, poner fin a la presencia española en el Sahara marroquí y asegurar la integración de Oued Eddahab en 1979. Estas etapas ilustran la continuidad de una lucha nacional sostenida por la unidad inquebrantable entre el pueblo y el trono.
Hoy, la conmemoración de este aniversario no se limita a una mirada hacia el pasado. Alimenta el impulso del Marruecos contemporáneo, que prosigue su desarrollo y reafirma su soberanía en un contexto marcado por avances diplomáticos notables. El país goza de un creciente apoyo en la cuestión del Sahara, con el reconocimiento de potencias mayores como Estados Unidos, Francia y España. Esta dinámica refleja una legitimidad reforzada y abre la perspectiva de un respaldo internacional aún más amplio.
Al honrar la memoria de esta revolución, los marroquíes reafirman su apego a los valores de resistencia, orgullo y lealtad. Encuentran en ella una fuente de inspiración para las generaciones presentes y futuras, llamadas a proseguir la marcha hacia un Marruecos unido, próspero y plenamente anclado en la modernidad.


