El presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, pronunciará este lunes a las 19:00 horas un discurso a la Nación, en un contexto de tensión política y movilización popular en la capital, Antananarivo.
Se trata de su primera intervención pública desde el deterioro de la situación, marcada por protestas masivas y por la adhesión de una parte del ejército, concretamente del Capsat (Cuerpo de Apoyo a la Protección de las Instituciones), al movimiento ciudadano “Generación Z Madagascar”.
Las manifestaciones, iniciadas hace varios días, alcanzaron su punto álgido el domingo en la Plaza del 13 de Mayo, símbolo histórico de las luchas políticas en el país. Miles de personas exigieron la dimisión del presidente Rajoelina y profundas reformas institucionales, en lo que se considera la movilización más amplia de los últimos años.
El movimiento, impulsado por la juventud y sectores ciudadanos, ha conseguido unir a estudiantes, artistas, empresarios, miembros de las fuerzas de seguridad y representantes de la diáspora, todos bajo el lema de “un cambio de rumbo”. Las reivindicaciones no se limitan al ámbito político, sino que incluyen mejor acceso al agua, la electricidad, la salud y la educación, además de la liberación de los manifestantes detenidos.
La presencia de altos mandos militares en las protestas, como el general Démosthène Pikulas, nuevo jefe del Estado Mayor, y el coronel Mikaël Randrianirina, ha añadido un nuevo nivel de complejidad a la crisis. También participaron figuras de la oposición, entre ellas el expresidente Marc Ravalomanana y el ex presidente del Senado Rivo Rakotovao, ampliando la dimensión política del movimiento.
En declaraciones a Jeune Afrique y RFI, el coronel Randrianirina negó cualquier intención de golpe de Estado, asegurando que no detenta el poder ni el control del ejército. Según explicó, su papel es únicamente el de un “oficial ejecutor” y su acción responde al llamado del pueblo malgache, no a intereses políticos. También subrayó su deseo de no ser instrumentalizado, pese a sus antecedentes judiciales y su reciente reincorporación al servicio activo.
Mientras tanto, la situación en Antananarivo sigue tensa e impredecible, con un movimiento ciudadano que no muestra signos de debilidad. En este clima, el discurso de Andry Rajoelina se presenta como un momento decisivo que podría marcar el futuro inmediato de Madagascar y determinar si el país logra encauzar la crisis mediante el diálogo político o si se profundiza la confrontación.


