En vísperas de la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la renovación del mandato de la Minurso, el dossier del Sáhara marroquí vuelve a situarse en el centro de las dinámicas diplomáticas internacionales.
Más allá de la renovación técnica del mandato de la misión, el sentido de esta votación es simbólico: confirma la preeminencia del plan de autonomía bajo soberanía marroquí, respaldado por una coalición de Estados cada vez más amplia, y reafirma el giro estratégico iniciado por Washington desde el reconocimiento estadounidense firmado por el presidente Donald Trump en diciembre de 2020.
Trump, el giro decisivo
El 10 de diciembre de 2020, el presidente Donald Trump anunció oficialmente el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Esta decisión, calificada de “momento geopolítico mayor”, redefinió profundamente los parámetros del dossier en el seno del Consejo de Seguridad. Marcó el fin de cierto inmovilismo diplomático y abrió la vía a una nueva lectura del diferendo, basada en la estabilidad y la realidad territorial.
Desde entonces, ese reconocimiento se ha arraigado en la doctrina estadounidense, mantenido y reforzado por las administraciones posteriores.
Massad Boulos: “La soberanía de Marruecos es irreversible”
En una entrevista concedida recientemente a varios medios estadounidenses, Massad Boulos, consejero especial del presidente estadounidense para África y Oriente Medio, reafirmó con fuerza esta continuidad. “La soberanía de Marruecos sobre su Sáhara es irreversible y no está sujeta a debate. El plan de autonomía marroquí sigue siendo la única vía seria, creíble y realista hacia una solución duradera”, declaró.
Boulos precisó que Estados Unidos “trabaja estrechamente con todos nuestros socios, en particular Marruecos y Argelia, para alcanzar un consenso en torno a una resolución del Consejo de Seguridad que refleje esta visión”. También anunció que Washington se dispone a abrir un consulado en las provincias del sur marroquíes, materializando así el reconocimiento diplomático estadounidense sobre el terreno.
Al saludar el enfoque del Reino, el diplomático estadounidense consideró que “el discurso de apertura del Rey Mohammed VI hacia Argelia constituye un mensaje de apaciguamiento y de liderazgo africano”.
Steve Witkoff: una agenda de paz en 60 días
Por su parte, Steve Witkoff, enviado especial estadounidense para el Magreb, sorprendió durante una entrevista en la cadena estadounidense CBS News al revelar que Washington trabaja activamente en un acercamiento diplomático entre Rabat y Argel, con un objetivo claro. “Creemos que un acuerdo de paz duradero entre Marruecos y Argelia es posible en sesenta días. Esto transformaría la estabilidad de todo el Norte de África”, afirmó.
Aunque no mencionó explícitamente el Sáhara, su mensaje fue inequívoco: la resolución del diferendo territorial está en el corazón del proceso de paz. Según fuentes diplomáticas en Nueva York, esta iniciativa estadounidense busca crear un clima de confianza antes de la votación en la ONU e inscribir la cuestión sahariana en una lógica de desescalada regional.
Efecto dominó transatlántico y africano
El impulso estadounidense ha provocado un efecto de arrastre sin precedentes. En Europa, Madrid, Berlín, Bruselas y Londres se alinearon con la posición marroquí, saludando los “esfuerzos serios y creíbles del Reino”.
Bélgica y el Reino Unido reconocieron formalmente, en 2025, el plan de autonomía como “la solución más pragmática y conforme con la Carta de las Naciones Unidas”.
En el continente africano, más de 30 países han abierto consulados en Laayún y Dajla, concretando su apoyo a la soberanía marroquí sobre su Sáhara.
Para Rabat, esta dinámica se acompaña de una realidad tangible: un modelo de desarrollo integrado en las provincias del Sur. El puerto de Dajla Atlántico, las zonas industriales, los parques eólicos y los proyectos logísticos hacen del Sáhara marroquí una vitrina de la descentralización avanzada y del desarrollo territorial.
Moscú: la prudencia calculada
Rusia, por su parte, mantiene una postura de equilibrio: ni oposición frontal ni adhesión total. Moscú reafirma su apego al proceso de la ONU y a una solución “aceptada por las partes”.
Esta reserva, dictada por sus vínculos con Argel, no cuestiona sin embargo la evolución del lenguaje de la ONU, hoy centrado en una solución realista, pragmática y duradera, basada en el compromiso e inspirada directamente en el plan marroquí.
Argelia-Polisario: el estancamiento prolongado
Frente a esta dinámica, Argelia y el Frente Polisario persisten en reclamar un referéndum de autodeterminación que las Naciones Unidas consideran inaplicable. Su estrategia de bloqueo contrasta con el enfoque constructivo de Marruecos, que multiplica los gestos de apertura regional y las iniciativas africanas.
El aislamiento diplomático del campo contrario se acentúa a medida que los apoyos occidentales y africanos se consolidan en torno al plan de autonomía.
Una votación de alto alcance político
El proyecto de resolución sometido el jueves al Consejo de Seguridad prevé la renovación del mandato de la Minurso por doce meses, reafirmando la búsqueda de una solución política realista, pragmática y duradera basada en el compromiso.
Para numerosos observadores, esta formulación consagra la preeminencia del plan marroquí en la doctrina de la ONU. Su adopción, esperada por amplia mayoría, confirmaría la trayectoria emprendida desde el reconocimiento histórico de Donald Trump.
Del reconocimiento a la doctrina
Cinco años después del reconocimiento estadounidense, la iniciativa marroquí de autonomía se ha impuesto como una doctrina internacional de arreglo territorial basada en el compromiso bajo soberanía. Para Rabat, el desafío ahora consiste en consolidar ese reconocimiento mediante la cooperación económica y regional, en un marco africano de estabilidad y paz.
La votación de este jueves podría marcar así un hito importante en la consolidación de un nuevo equilibrio magrebí, nacido de la visión real, confirmado por el apoyo estadounidense y respaldado por una diplomacia africana y europea cada vez más convergente.


