En Malí y ante una grave escasez de combustible y una inseguridad considerada “impredecible”, varios países occidentales exhortan a sus ciudadanos a abandonar el país sin demora.
Estados Unidos e Italia han emitido sucesivamente esta semana avisos de emergencia, destacando el rápido deterioro de la situación en el país.
El martes 28 de octubre de 2025, la embajada estadounidense en Bamako instó a los ciudadanos de Estados Unidos a abandonar “inmediatamente” el territorio por vía aérea, o a prever un plan de autoprotección en caso de no poder hacerlo. El aviso precisa que la asistencia consular solo puede garantizarse actualmente en Bamako.
Al día siguiente, miércoles 29 de octubre, el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano emitió una recomendación similar, invitando a sus ciudadanos a salir de Malí “lo antes posible”.
Unos 70 italianos, en su mayoría residentes en la capital, estarían afectados. Roma menciona particularmente el impacto de la crisis energética en la seguridad y la movilidad.
Estas advertencias llegan mientras la situación logística y de seguridad se deteriora desde comienzos de septiembre.
El grupo armado Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) ha impuesto un bloqueo a las importaciones de hidrocarburos, multiplicando los ataques contra convoyes de camiones cisterna.
Ante la escasez de combustible, las autoridades malienses suspendieron, a partir del lunes 27 de octubre, todas las clases en centros escolares y universitarios durante dos semanas, alegando “graves dificultades de desplazamiento” y “entregas irregulares” de suministros.
Por su parte, Estados Unidos mantiene el nivel máximo de alerta para Malí (“nivel 4 – No viajar”) y desaconseja todo desplazamiento terrestre hacia los países vecinos, debido al alto riesgo de ataques en las carreteras.
En el plano diplomático, esta doble alerta refleja un raro consenso entre Washington y Roma, y pone de manifiesto una evaluación coincidente de la crisis maliense.


