Tras las elecciones regionales celebradas el domingo en Camerún, el dominio del CPDM y el boicot de una parte de la oposición han reavivado las dudas sobre el verdadero impacto de la descentralización.
En Camerún, el domingo 30 de noviembre se celebraron elecciones regionales con la participación de concejales municipales y jefes tradicionales encargados de renovar los diez consejos regionales del país. Estas elecciones, organizadas en un contexto político dominado en gran medida por el CPDM del presidente Paul Biya, se vieron marcadas por el boicot de una parte de la oposición.
A partir de las 8:00 h, aproximadamente 10.000 electores, incluidos más de 9.000 miembros del CPDM, fueron convocados a las urnas para elegir a 900 consejeros regionales, 90 por región. Cada consejo está compuesto por 70 delegados de partidos políticos y 20 representantes de cacicazgos tradicionales, de acuerdo con el reglamento.
El Frente de Salvación Nacional de Camerún (FSNC), liderado por Issa Tchiroma Bakary, se negó a participar. El partido alegó un clima considerado incompatible con los procesos democráticos normales, refiriéndose a un contexto de “duelo nacional, profunda disidencia moral y una grave crisis poselectoral”. Para el FSNC, participar en estas elecciones equivaldría a respaldar la “normalización institucional”, la cual rechaza.
Estas nuevas elecciones confirman el férreo control del CPDM sobre el sistema político camerunés e ilustran la persistente dificultad de la oposición para ganar influencia a nivel regional. También constituyen una prueba para la implementación de la descentralización, que, si bien está prevista en la Constitución, sigue siendo limitada dada la fuerte influencia del gobierno central.


