El proyecto del gasoducto Nigeria–Marruecos, de cerca de 6.000 kilómetros y estimado en 25.000 millones de dólares, avanza en sus etapas técnicas y financieras, confirmando su ambición de estructurar un espacio energético integrado en África del Oeste y asegurar exportaciones hacia Europa.
Impulsado conjuntamente por la Nigerian National Petroleum Company y la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos, el proyecto se enmarca en una lógica de cooperación Sur-Sur e integración regional.
Su trazado recorre la fachada atlántica y deberá atravesar más de una decena de países, con un tramo offshore de aproximadamente 5.100 kilómetros y un segmento terrestre de 1.760 kilómetros. A largo plazo, la infraestructura aspira a transportar hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año, especialmente hacia los mercados europeos.
Más allá de su dimensión energética, el proyecto tiene un fuerte componente geopolítico. En un contexto internacional marcado por la reconfiguración de las cadenas de suministro de gas, este corredor representa para los Estados implicados una herramienta de soberanía y diversificación económica. También podría contribuir a reducir los déficits energéticos en varios países de África del Oeste, apoyar la industrialización local y reforzar la interconexión de las redes eléctricas.
El esquema financiero, valorado en 25.000 millones de dólares, se basa en un modelo híbrido que combina capitales públicos, financiación multilateral e inversiones privadas. El Fondo OPEP ha movilizado 14,3 millones de dólares para la fase de ingeniería FEED II, mientras que el Banco Islámico de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones respaldan los estudios y la estructuración del proyecto.
Los Emiratos Árabes Unidos se han posicionado como socio financiero clave, y Estados Unidos estudia, a través de sus instrumentos de financiación del desarrollo, una contribución que podría alcanzar los 8.000 millones de dólares, parcialmente garantizados.
Los estudios de ingeniería detallados, finalizados en abril de 2024, confirmaron la viabilidad técnica y económica de la infraestructura. Las obras deberían extenderse entre 2026 y 2029, con una primera puesta en servicio prevista para 2030. Cada tramo contará con un modelo económico específico, incluyendo los segmentos Nigeria–Costa de Marfil y Senegal–Mauritania–Marruecos, en articulación con el Gasoducto Magreb–Europa.


