Durante una visita oficial a Juba, el jefe de Asuntos Humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, instó a reforzar la protección de los civiles y a garantizar un mejor acceso a la ayuda humanitaria, en un contexto marcado por la persistencia de la violencia y la llegada de refugiados que huyen de la guerra en el vecino Sudán.
La situación humanitaria en Sudán del Sur atraviesa una nueva fase de fragilidad, debido tanto a conflictos internos como a las repercusiones del conflicto sudanés. Fletcher mantuvo encuentros con el presidente Salva Kiir, la vicepresidenta Rebecca Nyandeng De Mabior y varios miembros del gobierno, reiterando que “los civiles nunca deben ser un objetivo”.
En Malakal, unas 45.000 personas siguen viviendo en un antiguo sitio de protección establecido durante la guerra civil. En el cercano centro de tránsito de Bulukat, familias recién llegadas desde Sudán reclaman apoyo urgente para reconstruir sus vidas. Más al sur, en Akobo, alrededor de 42.000 desplazados han huido de enfrentamientos recientes, mientras los centros de salud atienden a civiles heridos.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) advirtió que cualquier nuevo deterioro de la seguridad podría obstaculizar la entrega de ayuda en un país donde gran parte de la población depende de la asistencia internacional.
Independiente desde 2011, Sudán del Sur cayó en una guerra civil en 2013 entre el presidente Salva Kiir y su exvicepresidente Riek Machar. Aunque en 2018 se firmó un acuerdo de paz, persisten tensiones políticas y comunitarias que mantienen al país en una situación frágil.


