Senegal inició en 2024 la era de la producción petrolera, registrando una fuerte aceleración del crecimiento económico, según el informe anual de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía (ANSD). El PIB real creció un 6,9 %, frente al 4,3 % en 2023, impulsado principalmente por el sector secundario, cuya producción aumentó un 20 %, gracias al espectacular salto de las actividades extractivas (+220,7 %) tras el inicio de la explotación del yacimiento de Sangomar. Sin embargo, excluyendo el petróleo, el crecimiento se limita al 2,6 %, lo que evidencia una nueva dependencia de los hidrocarburos.
El sector agrícola, en cambio, retrocedió un 1 %, afectado por una campaña difícil marcada por descensos en cultivos clave como el mijo, el maíz y el cacahuete, además de inundaciones en el valle del río Senegal.
En la industria manufacturera también se observó una ligera contracción (-0,4 %), mientras que la construcción desaceleró bruscamente y el refinado de petróleo cayó en volumen.
En materia fiscal, los ingresos tributarios aumentaron un 6,7 %, pero los ingresos totales del Estado disminuyeron debido a la reducción de donaciones externas. El gasto público creció un 3,7 %, elevando las necesidades de financiación y situando la deuda pública en 23.273,4 mil millones de francos CFA, un 27,2 % más que el año anterior. La inflación, por su parte, se moderó hasta el 0,8 %.
En el comercio exterior, el petróleo transformó el panorama: las exportaciones crecieron un 21,3 %, con el crudo y los productos refinados representando más del 20 % de las ventas externas, lo que permitió reducir el déficit comercial.
No obstante, el informe subraya que, pese al dinamismo extractivo, la economía senegalesa sigue mostrando desequilibrios estructurales en sectores tradicionales y sociales.


