El nivel de la deuda pública tunecina alcanzó el 84,9 % del PIB en 2024, en un contexto marcado por un recurso intensivo al endeudamiento y una reconfiguración de las fuentes de financiamiento.
Desde 2021, las finanzas públicas del país muestran un uso sostenido del crédito, con 71 acuerdos de préstamo firmados por un monto total superior a 6.785 millones de dólares entre julio de 2021 y comienzos de 2026, según datos oficiales. Esta dinámica se desarrolla en un entorno de acceso limitado a los mercados internacionales y sin un acuerdo final con el Fondo Monetario Internacional.
Como consecuencia, la ratio de deuda pública pasó del 67,8 % del PIB en 2021 al 84,9 % en 2024, antes de estabilizarse en torno al 82,1 % en 2025. Este aumento responde tanto a la acumulación de nuevos préstamos como al débil crecimiento económico y a la depreciación del dinar frente a monedas extranjeras.
Paralelamente, la estructura de financiamiento ha cambiado: por primera vez desde la independencia, la deuda interna superó a la externa en 2024, representando el 53,8 % del total frente al 46,2 %. Este giro refleja un traslado del riesgo hacia el sistema financiero nacional, ante la interrupción de emisiones internacionales desde 2019.
Este proceso tiene efectos directos en la economía. La exposición de los bancos al sector público aumentó, reduciendo el crédito disponible para las empresas. Entre 2018 y 2024, la proporción de activos bancarios destinados al Estado pasó del 12 % al 21 %, equivalente a unos 11.000 millones de dinares, mientras que la tasa de inversión cayó al 11,2 % del PIB en 2024.
Además, el servicio de la deuda absorbe una parte significativa del presupuesto: alrededor del 31 % en 2025, es decir, casi uno de cada tres dinares se destina al pago de la deuda. Este peso alcanza el 14 % del PIB, superando el gasto combinado en salud y educación. Si se incluyen los compromisos de las empresas públicas, estimados en cerca del 40 % del PIB, el nivel de exposición financiera resulta aún más elevado.


