Las explicaciones ofrecidas por la diplomacia argelina ante el Comité de los 24 de las Naciones Unidas reflejan menos una ofensiva política que un intento de contener las turbulencias provocadas en el seno del campamento del Polisario tras las recientes declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf.
La sesión del Comité de los 24, celebrada del 25 al 27 de mayo en Nicaragua, brindó a Argel la oportunidad de reafirmar su posición tradicional sobre la cuestión del Sáhara. Al denunciar «alegaciones falaces» y «lecturas sesgadas» de las palabras de Ahmed Attaf, el representante permanente adjunto de Argelia ante la ONU, Toufik Koudri, buscó disipar las interrogantes surgidas tras el discurso pronunciado con ocasión del Día de África.
Sin embargo, esta gestión revela una preocupación más profunda. Las reacciones registradas en los últimos días en círculos próximos al Polisario han puesto de manifiesto un malestar inusual suscitado por las declaraciones del jefe de la diplomacia argelina. Varios militantes y simpatizantes saharauis percibieron su respaldo a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad como una señal política difícil de conciliar con las posiciones tradicionalmente defendidas por el Frente.
La necesidad de que Argel multiplique las aclaraciones ilustra así la sensibilidad del momento. Los medios y plataformas favorables al Polisario saludaron rápidamente la intervención de Toufik Koudri como una confirmación de la continuidad de la línea argelina. Esta satisfacción exhibida contrasta, sin embargo, con las críticas y dudas que habían emergido en los campamentos de Tinduf tras las declaraciones de Ahmed Attaf.
Esta secuencia revela igualmente una dificultad creciente para la diplomacia argelina. Mientras que las resoluciones sucesivas del Consejo de Seguridad otorgan un lugar cada vez más central al proceso político liderado por las Naciones Unidas, Argel debe adaptarse a una realidad diplomática que reduce progresivamente el margen de maniobra de las posiciones más rígidas. Los reiterados llamados a negociaciones que involucren a todas las partes concernidas han reforzado esta evolución.
La decisión de Toufik Koudri de evitar toda referencia explícita a la resolución 2797 resulta, en este sentido, reveladora. Esta omisión parece destinada a no reavivar las críticas internas del Polisario, que había rechazado dicho texto en el momento de su adopción. El ejercicio consistía, por tanto, menos en defender una nueva iniciativa diplomática que en tranquilizar a una base política sacudida por declaraciones interpretadas como un viraje.
Más allá del episodio, esta operación de comunicación pone de relieve una fragilidad raramente expuesta públicamente. Mientras las autoridades argelinas se esfuerzan por preservar la imagen de una posición invariable, las reacciones observadas entre los apoyos del Polisario sugieren que los equilibrios se vuelven cada vez más delicados de mantener. La necesidad de tranquilizar con tanta rapidez tras las palabras de Ahmed Attaf evidencia la existencia de dudas que los desmentidos oficiales ya no logran disipar por completo.


