Durante mucho tiempo vinculado a las selecciones de Francia, Senegal y Marruecos, Issa Diop escribió la página más brillante de su carrera internacional al marcar el gol decisivo que permitió a los Leones del Atlas igualar ante Países Bajos en el tiempo añadido. A sus 29 años, el defensa del Fulham se ha convertido en el símbolo de una selección marroquí que apuesta con éxito por el talento de su diáspora.
Hubo que esperar hasta el minuto 91 para que apareciera uno de los héroes inesperados del recorrido marroquí en la Copa del Mundo de 2026. Con un gol providencial frente a Países Bajos en los dieciseisavos de final, Issa Diop permitió a los Leones del Atlas forzar la prórroga antes de lograr una histórica clasificación a los octavos de final en la tanda de penaltis, consolidando así su lugar en la historia reciente del fútbol marroquí.
Autor del tanto que cambió el destino del partido, el defensa fue elegido con toda lógica como el mejor jugador del encuentro, en reconocimiento a una actuación decisiva en una de las citas más importantes de su todavía joven trayectoria internacional con la camiseta de Marruecos.
A sus 29 años, el poderoso defensa central del Fulham había llegado recientemente a la selección marroquí, después de un largo recorrido internacional marcado por la incertidumbre.
Nacido en Toulouse, en el sur de Francia, Issa Diop creció en el seno de una familia de múltiples identidades. Su padre es originario de Senegal y su madre es marroquí. Desde muy joven destacó por sus cualidades defensivas e ingresó en la academia del Toulouse FC, donde se consolidó como una de las grandes promesas del fútbol francés.
Su talento le abrió las puertas de las selecciones juveniles de Francia, a las que representó desde la categoría sub-16 hasta la sub-21. En aquella etapa, muchos lo veían como un futuro internacional absoluto con la selección francesa. Senegal, consciente de sus vínculos familiares, también trató de convencerlo para que vistiera la camiseta de los Leones de la Teranga.
Sin embargo, ninguno de esos escenarios llegó a materializarse. Pese a desarrollar una sólida carrera en la Premier League inglesa, primero con el West Ham United y posteriormente con el Fulham, la convocatoria de la selección absoluta de Francia nunca llegó.
El punto de inflexión se produjo cuando Marruecos intensificó su estrategia para incorporar futbolistas de la diáspora, en un contexto en el que el Reino había reforzado progresivamente el vínculo jurídico con los hijos de madre marroquí gracias a la evolución de su legislación sobre la nacionalidad y a la modernización del Código de Familia.
Esta reforma, que permite la transmisión plena de la nacionalidad marroquí por vía materna, abrió nuevas perspectivas a numerosos jugadores con doble nacionalidad. Entre los casos más conocidos figuran Manuel da Costa, nacido en Francia de madre marroquí y padre portugués, y Nabil El Zhar, también nacido en Francia y de madre marroquí. Para Issa Diop, este marco legal permitió formalizar una pertenencia que siempre había existido en el ámbito familiar, pero que hasta entonces no había tenido reflejo en su trayectoria deportiva.
Su incorporación a los Leones del Atlas se produjo con discreción. Sin embargo, en pocas semanas logró consolidarse como una opción fiable gracias a su experiencia al más alto nivel europeo, su fortaleza física y su capacidad de lectura del juego.
Ante Países Bajos, su nombre adquirió una nueva dimensión. Cuando Marruecos parecía al borde de la eliminación, abandonó su posición defensiva y apareció en el tiempo añadido para marcar el gol del empate, devolviendo la esperanza a su equipo antes de la victoria por 3-2 en la tanda de penaltis.
Más allá del resultado deportivo, la trayectoria de Issa Diop simboliza la evolución del fútbol marroquí: una selección capaz de atraer a futbolistas formados en el extranjero, portadores de múltiples identidades, pero decididos a integrarse en un ambicioso proyecto nacional.
Con ese gol decisivo, Issa Diop no solo salvó un partido. También dio forma a una historia marcada por la identidad, una elección plenamente asumida y el apego a unas raíces que finalmente decidió defender al más alto nivel. Su nombre quedará grabado en la memoria de los marroquíes, que la noche del lunes salieron a las calles de todo el Reino para celebrar la clasificación a los octavos de final de la Copa del Mundo.
SG/RT/APA


