El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, presentó una visión marcadamente optimista sobre la trayectoria económica y diplomática del país, multiplicando los anuncios ambiciosos sin disipar las incertidumbres que rodean su materialización.
En una entrevista periódica concedida a representantes de los medios nacionales y difundida el lunes por la noche por la televisión y la radio públicas, Abdelmadjid Tebboune aseguró sentirse «muy optimista sobre el futuro» de Argelia.
El jefe del Estado evocó perspectivas para 2028 y 2029, destacando proyectos mineros, ferroviarios, agrícolas e hidráulicos que, según afirmó, reflejan el avance del país hacia una economía emergente. Las minas de hierro, fosfatos y zinc, las nuevas líneas ferroviarias y las plantas desalinizadoras con una capacidad anunciada de 300.000 metros cúbicos diarios ocupan un lugar central en esta estrategia.
No obstante, la acumulación de grandes proyectos no logra disipar las dudas sobre los plazos de ejecución, la financiación necesaria y los beneficios concretos para la población. El presidente prometió una nueva mejora del nivel de vida y una inflación controlada, sin detallar los mecanismos que permitirían conciliar el aumento de los ingresos, el gasto público y la estabilidad de los precios.
Abdelmadjid Tebboune también mencionó la futura producción de motores Opel en Argelia, la fabricación local de tres moléculas farmacéuticas innovadoras y la exportación a Europa de miles de aparatos de aire acondicionado.
Estos ejemplos fueron presentados como prueba de que la diversificación económica ya está en marcha, aunque el peso real de estas iniciativas en el aparato productivo y en las exportaciones sigue siendo difícil de evaluar con base únicamente en los elementos expuestos durante la entrevista.
El mandatario anunció igualmente que Argelia no importará trigo duro este año, atribuyendo este resultado al desempeño del sector agrícola nacional. Sin embargo, esta afirmación no fue acompañada de datos sobre los volúmenes de producción, las reservas disponibles o la capacidad del país para mantener esta autosuficiencia más allá de la presente campaña agrícola.
En el plano diplomático, Tebboune defendió la imagen de una Argelia influyente en África, la cuenca mediterránea y ante las grandes potencias. Citó el acercamiento con Malí y los proyectos en marcha en Níger y Chad. No obstante, endureció su discurso al denunciar la existencia de «círculos hostiles» y acusar a un «microestado» de intentar desestabilizar a su país.
Esta retórica, unida a la afirmación de que la estabilidad de Túnez constituye una «línea roja», refleja una diplomacia marcada por las tensiones. Detrás del optimismo expresado por el presidente, la entrevista dibuja sobre todo a una Argelia que afronta el desafío de transformar sus anuncios en resultados concretos, duraderos y verificables.
SG/RT/APA

