La muerte de quince jóvenes tunecinos en el naufragio de una embarcación clandestina frente a las costas del sureste del país provocó un fin de semana de violencia en Ben Guerdane, donde el duelo se transformó en ira por la precariedad y la falta de perspectivas.
La violencia estalló en Ben Guerdane tras la muerte de quince migrantes en el naufragio de una embarcación que había zarpado en la noche del viernes al sábado con varios candidatos a la emigración hacia Europa. Una sola persona habría sido rescatada por los guardacostas. Las circunstancias exactas del naufragio siguen siendo desconocidas, en particular las condiciones de la partida, la identidad de los organizadores y el desarrollo de las operaciones de búsqueda.
La conmoción se intensificó tras la difusión de un vídeo en el que se ve a un joven descubriendo en el mar el cuerpo de su hermano. Una misma familia habría perdido a siete de sus miembros en la tragedia. Estas imágenes provocaron una fuerte indignación en Túnez y reavivaron los interrogantes sobre la reiteración de las salidas clandestinas desde las regiones meridionales.
Grupos de manifestantes incendiaron vehículos y comercios en Ben Guerdane. Durante los enfrentamientos también se utilizaron fuegos artificiales. Las autoridades enviaron refuerzos para dispersar las concentraciones y restablecer la calma. No se ha comunicado ningún balance detallado sobre detenciones o posibles heridos.
Más allá de la violencia, la tragedia pone de manifiesto el persistente malestar de una ciudad fronteriza que durante mucho tiempo ha dependido del comercio informal. El desempleo, la precariedad y el sentimiento de marginación alimentan entre una parte de los jóvenes la convicción de que cruzar el Mediterráneo constituye la única posibilidad de futuro, pese a los riesgos conocidos.
La tragedia se produce asimismo en un clima de tensión en torno al endurecimiento de la política migratoria tunecina y a la cooperación establecida con los países europeos, especialmente Italia. Los métodos de los guardacostas ya han suscitado controversias, pero ningún elemento confirmado permite, por el momento, vincular su intervención con el naufragio.
La calma regresó progresivamente a Ben Guerdane. Sin embargo, las cuestiones que están en el origen de la ira siguen sin respuesta: ¿cómo impedir nuevas salidas sin responder a la desesperación económica y social que empuja a estos jóvenes hacia el mar?
SG/RT/APA

