El anuncio de Adís Abeba de tres nuevas presas hidroeléctricas en el Nilo Azul reaviva el contencioso hídrico con El Cairo, ya marcado por la ausencia de un acuerdo vinculante sobre la Gran Presa del Renacimiento Etíope.
Apenas concluida la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), Etiopía contempla la construcción de tres nuevas infraestructuras hidroeléctricas en el Nilo Azul durante los próximos siete años. Presentados por Adís Abeba como proyectos más modestos que el GERD, estos deberán aumentar la producción eléctrica nacional y respaldar las exportaciones de energía.
El anuncio provocó inmediatamente una firme reacción de Egipto, que acusa a Etiopía de continuar con una política de decisiones unilaterales sobre un río esencial para su seguridad hídrica. El ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Badr Abdelatty, rechazó cualquier nueva construcción emprendida sin concertación y afirmó que su país se reservaba «el derecho a la legítima defensa de conformidad con las normas del derecho internacional».
El Cairo exige una notificación previa y una coordinación con los países situados aguas abajo para cualquier proyecto susceptible de modificar el caudal del Nilo. La cuestión es especialmente sensible para Egipto, cuyo abastecimiento de agua dulce depende casi por completo del río. El Nilo Azul aporta alrededor del 85 % de las aguas que llegan al territorio egipcio, mientras que la disponibilidad anual se estima en cerca de 600 metros cúbicos por habitante, frente a un umbral de pobreza hídrica fijado en 1.000 metros cúbicos.
El exministro egipcio de Irrigación Mohamed Nasr Eddine Allam considera que la multiplicación de las presas podría reducir temporalmente los volúmenes de agua recibidos por Egipto, especialmente durante los períodos de llenado. Advierte de un riesgo de alteración de la cuota egipcia durante tres o cuatro años, con posibles consecuencias importantes para la agricultura y la seguridad alimentaria. Sin embargo, esta evaluación sigue dependiendo de las características técnicas y de las modalidades de explotación de las futuras infraestructuras, que no han sido detalladas.
Para El Cairo, la principal preocupación reside menos en el tamaño anunciado de las presas que en la persistente ausencia de un mecanismo jurídicamente vinculante. Las negociaciones en torno al GERD no han permitido alcanzar un acuerdo definitivo entre Egipto, Etiopía y Sudán sobre el llenado del embalse, la gestión de los períodos de sequía y la resolución de controversias.
El asunto se inscribe, por último, en un entorno regional marcado por crecientes rivalidades en el Cuerno de África y en torno al mar Rojo. Al reforzar sus relaciones con Somalia y Eritrea, Egipto busca también consolidar su posición frente a Adís Abeba. El anuncio de nuevas presas amenaza ahora con extender la crisis más allá del GERD y situar de manera duradera la gestión del Nilo en el centro de las relaciones de fuerza regionales.
SG/RT/APA

