En la República Centroafricana, la paz se construye en la mesa de negociaciones y también sobre el terreno, con excavadoras y topadoras. En el batallón camboyano de ingenieros militares de la MINUSCA, dos cascos azules, el teniente coronel Yann Makar y el capitán Pisey PO, encarnan otra faceta del mantenimiento de la paz: conectar a las personas y poner fin al aislamiento de sus comunidades.
Durante años, el deterioro de las vías de comunicación privó a amplias zonas del país del acceso a servicios básicos y dejó a numerosas aldeas expuestas a la inseguridad y la precariedad. En el eje Grimari-Sibut, un tramo estratégico de 120 kilómetros que antes era intransitable en la temporada de lluvias, los trabajos de los ingenieros militares transformaron la vida cotidiana. En el tramo Ippy-Bambari, la rehabilitación de la carretera permitió reanudar la marcha de convoyes de ayuda humanitaria y combustible que llevaban tres semanas inmovilizados.
Para los habitantes, la reapertura de estas vías significa recuperar el acceso a la atención sanitaria, volver a vender sus productos agrícolas en los mercados locales y permitir que los niños regresen a la escuela en condiciones de seguridad. En las obras, los vecinos se han sumado espontáneamente a las tareas de los cascos azules, estrechando los lazos de confianza y solidaridad.
Al situar a las comunidades en el centro de su labor, los ingenieros militares muestran que rehabilitar una carretera o reparar un puente también contribuye a sentar las bases de una paz duradera y compartida en la República Centroafricana.
SG/RT/APA

