En un giro histórico, el movimiento separatista se declara dispuesto a aceptar el plan de autonomía presentado por Marruecos en 2007, siempre que sea sometido a referéndum. Un cambio político que consolida la preeminencia de la propuesta marroquí en la escena internacional.
El Frente Polisario anunció el jueves 23 de octubre su apertura hacia el plan de autonomía marroquí para el Sáhara, presentado en 2007 ante las Naciones Unidas. El representante del movimiento ante la ONU, Mohamed Yeslem Beissat, afirmó que «el movimiento está dispuesto a aceptar el plan de autonomía propuesto por Marruecos si la población saharaui lo aprueba mediante referéndum».
Esta postura, transmitida al Consejo de Seguridad antes de la votación prevista para el 31 de octubre sobre una nueva resolución, marca un cambio histórico. Durante casi cinco décadas, el Polisario, apoyado por Argelia, rechazó toda fórmula de autonomía bajo soberanía marroquí. El Frente Polisario había defendido exclusivamente la independencia, descartando sistemáticamente la propuesta marroquí, pese a que la mayoría de los Estados miembros del Consejo la habían calificado como seria y creíble.
Según Beissat, la nueva propuesta del Polisario «incluye las tres opciones reconocidas por el derecho internacional: la independencia, la integración y el pacto de libre asociación», siendo este último «potencialmente compatible con el plan de autonomía marroquí». Este reconocimiento explícito de la validez del proyecto de Rabat constituye un precedente diplomático desde la creación del movimiento en la década de 1970.
El plan de autonomía marroquí, respaldado por la comunidad internacional como una base seria y creíble de negociación, prevé una amplia autonomía administrativa, económica y cultural bajo la soberanía del Reino. Ha sido calificado como una solución realista y pragmática por varias capitales occidentales.
Para muchos observadores en Nueva York, sin embargo, la condición del referéndum planteada por el Polisario sigue siendo irrealista. El censo electoral llevado a cabo por la ONU en el año 2000 nunca logró consenso, lo que hace que cualquier consulta popular sea impracticable. Varios diplomáticos consideran que esta exigencia tiene más valor simbólico que operativo.
Este cambio de tono se produce en un contexto de reconfiguración de los apoyos internacionales. Desde el reconocimiento estadounidense del plan marroquí en 2020, bajo la administración de Donald Trump, la propuesta de Rabat ha ganado legitimidad. Actualmente cuenta con el respaldo explícito de París, Madrid, Berlín y Londres, mientras que Rusia adopta una postura considerada «constructiva» y China se mantiene fiel al marco tradicional de la ONU.

