Entre la fragilidad de las redes, el estrés hídrico estructural y las desigualdades territoriales, el acceso al agua potable sigue siendo un desafío mayor para cientos de miles de tunecinos, especialmente en las zonas rurales y periféricas.
Las dificultades de acceso al agua potable continúan afectando a una parte significativa de la población en Túnez, donde entre 200.000 y 300.000 personas carecerían de un suministro regular, según estimaciones de organizaciones no gubernamentales.
El fenómeno afecta principalmente a las zonas rurales del interior del país: algunas localidades aún no están conectadas a las redes públicas, mientras que otras sufren cortes prolongados o repetidos.
Las autoridades tunecinas reconocen una presión creciente sobre los recursos hídricos, agravada por la sucesión de años de sequía, el descenso continuo de los niveles de los embalses y el envejecimiento de las infraestructuras. La Sociedad Nacional de Explotación y Distribución de Aguas (SONEDE) alude con frecuencia a “restricciones técnicas y climáticas” para explicar las interrupciones del servicio, especialmente durante los períodos de alta demanda en verano.
Según las ONG activas en el ámbito del agua y el desarrollo, estas dificultades no se deben únicamente a factores climáticos. También señalan persistentes disparidades territoriales, una falta de inversiones en el mantenimiento de las redes y pérdidas importantes por fugas, estimadas en cerca del 30 % del agua distribuida. “El acceso al agua sigue siendo profundamente desigual según las regiones, pese a tratarse de un derecho fundamental”, subrayan varios actores asociativos.
En el plano económico y social, las consecuencias son pesadas para los hogares afectados, obligados a recurrir a camiones cisterna privados o a la compra de agua a precios elevados, lo que impacta directamente en su poder adquisitivo. En algunas zonas agrícolas, las escaseces también afectan a las actividades productivas, acentuando la vulnerabilidad de los pequeños agricultores y contribuyendo al éxodo rural.
Ante esta situación, el gobierno tunecino ha anunciado varios programas destinados a reforzar la seguridad hídrica, entre ellos la movilización de recursos no convencionales, como la desalinización del agua de mar, y la rehabilitación de las redes existentes. Hay proyectos en curso con el apoyo de financiadores internacionales, aunque su ejecución sigue siendo considerada lenta por los observadores.
En un contexto de cambio climático y de estrés hídrico estructural, los expertos estiman que Túnez deberá acelerar las reformas de la gobernanza del agua, mejorar la eficiencia de las redes y garantizar un acceso equitativo al agua potable para toda su población.


