El presidente argelino Abdelmadjid Tebboune planteó la posibilidad de recurrir a un préstamo de 3.000 millones de dólares del Banco Africano de Desarrollo, una declaración que rompe con el discurso oficial de rechazo al endeudamiento externo y reabre el debate sobre la situación real de las finanzas del país.
Tebboune subrayó que Argelia es uno de los principales contribuyentes al capital del banco, lo que —según afirmó— le daría margen para solicitar financiación sin comprometer la estabilidad macroeconómica. No obstante, no precisó calendario, condiciones ni mecanismos de reembolso, limitándose a señalar que el “factor tiempo” jugaría a favor del país.
El anuncio careció de detalles sobre los proyectos concretos que se financiarían con el préstamo. El presidente habló de iniciativas “estratégicas de alto impacto”, sin especificar sectores ni retornos esperados, en contraste con una narrativa de rentabilidad rápida que no fue respaldada con cifras.
En el plano coyuntural, Tebboune aseguró que la inflación se sitúa por debajo del 2 %, calificándolo de “milagro”, pese a que el poder adquisitivo sigue siendo un foco de tensión social. También reafirmó el carácter “social” del Estado, mientras prometía mayor libertad para los operadores económicos.
La mera mención de un endeudamiento externo, aunque presentado como controlado, sugiere que los recursos internos ya no bastan para sostener las ambiciones económicas. La opción del préstamo plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de un modelo aún muy dependiente del gasto público y de los ingresos energéticos, pese a los reiterados llamados a la diversificación.


