En Burkina Faso, un imán y su hijo, sacerdote católico, viven uno al lado del otro el Ramadán y la Cuaresma, que este año coinciden en el calendario. Vatican News relata una comunión nacida tras treinta años de ruptura y reconciliación, ofreciendo un testimonio poco común de diálogo interreligioso.
Al-Hâdjdj Issa es imán. Adrien, su hijo mayor, es sacerdote, padre blanco burkinés. Dos hombres, una misma familia, dos veces padre y dos veces hijo. Y este año, también dos veces en el ayuno, ya que el Ramadán y la Cuaresma se superponen.
Sin embargo, nada hacía presagiar una fraternidad espiritual de este tipo. En 1992, Adrien Sawadogo vivió una experiencia mística que describe “al estilo de san Pablo”. Hijo mayor de una familia musulmana practicante, su conversión al cristianismo fue vivida como un terremoto. “Fue un choque”, confiesa.
Su padre, que le había dado el mismo nombre del Profeta, no pudo aceptarlo. “Yo lo engendré. Pero cuando eligió el camino de Nabi Issa, no lo acepté al principio”, relata el imán.
Harían falta treinta años —de 1992 a 2022— para que la reconciliación se concretara plenamente. Fue finalmente un hermano mayor del imán quien abrió el camino, aconsejándole dejar a su hijo en libertad. Al-Hâdjdj Issa permitió que Adrien continuara sus estudios de teología, mientras este también estudiaba el Corán.
“Dios quiso mostrarme que había actuado bien”, reconoce hoy el imán, añadiendo: “Lo que Dios no quiere, nadie puede realizarlo”.
La coincidencia del Ramadán y la Cuaresma en 2026 tiene para ellos un significado especial. Adrien cita a un monje británico: “Algunos llaman a estos signos coincidencias; yo los llamo guiños de Dios”. Para el padre blanco, esta convergencia es una invitación a vivir lo que, en referencia al papa Francisco, denomina una “mística del encuentro” entre islam y cristianismo.
Su padre comparte esta visión. “La Biblia y el Corán no se oponen”, afirma el imán. “Esta coincidencia es una invitación a la inteligencia y a la conversión de nuestro comportamiento”, señala, viéndola como una “indicación divina” que cristianos y musulmanes deben saber acoger con discernimiento, en lugar de caer en “disputas inútiles”.
Para Adrien, el Ramadán y la Cuaresma son, cada uno a su manera, “un momento en el que el hombre y Dios se encuentran”. Dos tradiciones, dos comunidades que “representan juntas más de la mitad de la población mundial” y que este año, dentro de una misma familia burkinabé, ya no están separadas por nada.


