El ministro marroquí de Asuntos Exteriores afirmó desde Rabat la existencia de una «connivencia clara» entre grupos separatistas y actores terroristas tras los recientes ataques en Malí.
El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, declaró el miércoles 29 de abril en Rabat que Marruecos ha «observado ahora una connivencia clara entre el separatismo y el terrorismo», a raíz de los ataques que tuvieron como objetivo instalaciones militares y civiles en Malí.
Esta declaración se produjo durante una rueda de prensa conjunta con Christopher Landau, subsecretario de Estado de Estados Unidos, al término de conversaciones bilaterales.
Rabat reafirmó, en primer lugar, su condena de los ataques ocurridos el 25 de abril en Malí, al tiempo que expresó su apoyo a las autoridades de transición.
«Marruecos ya ha denunciado enérgicamente estos ataques terroristas, renovando su apoyo a la estabilidad, la soberanía y la unidad nacional de Malí», indicó Nasser Bourita, subrayando que la estabilidad del país constituye un elemento central para toda la región del Sahel.
El ministro estableció posteriormente un vínculo directo entre estas violencias y una evolución que considera preocupante. Evocó una «alianza objetiva entre separatismo y terrorismo», estimando que representa «un peligro para la estabilidad regional» y «un riesgo fundamental» más allá del propio Malí. Según sus declaraciones, esta lectura se basa en elementos recientemente observados por las autoridades marroquíes.
Esta posición se produce en un contexto en el que la situación de seguridad en el Sahel sigue marcada por una intensificación de los ataques contra objetivos estatales y civiles. Bourita calificó la fase actual de «muy crítica», llamando a una movilización de los actores regionales e internacionales para «romper esta alianza» e invertir la dinámica de seguridad.
Al destacar este vínculo entre separatismo y terrorismo, Marruecos inscribe su discurso diplomático en un enfoque basado en la interconexión de las amenazas en el Sahel. El ministro abogó por «dinámicas de estabilidad» basadas en la cooperación entre Estados y el respeto de las decisiones de las poblaciones, en oposición a lógicas que asoció con el «chantaje y la intimidación».


