Una nota del Observer Research Foundation (ORF) destaca el papel determinante de los equilibrios políticos internos, con un posicionamiento marroquí distintivo basado en la apropiación nacional.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ejerce una presencia amplia en Oriente Medio y África del Norte, donde 18 de las 22 economías están sujetas a programas, misiones o mecanismos de supervisión, según un análisis publicado por el ORF, que subraya el posicionamiento diferenciado de Marruecos.
El estudio pone de relieve una influencia desigual de la institución, estrechamente vinculada a las configuraciones políticas internas más que a la mera pericia técnica, en una región marcada por trayectorias económicas contrastadas.
En esta lectura, Marruecos aparece como un caso singular, clasificado entre los «socios de resiliencia». El Reino se benefició en 2025 de una línea de crédito flexible de 4.500 millones de dólares (alrededor de 4.100 millones de euros), tras una facilidad previa de 5.000 millones no utilizada en 2023.
Según el ORF, estos instrumentos desempeñan un papel de garantía financiera y de señal de credibilidad, mientras que las autoridades marroquíes mantienen el control de sus reformas, inscritas en el Nuevo Modelo de Desarrollo. El FMI interviene así como apoyo técnico a una estrategia nacional ya estructurada.
En contraste, varios países son clasificados como «prestatarios estructurales», como Egipto, que participa en un programa ampliado de crédito de alrededor de 8.000 millones de dólares (casi 7.400 millones de euros).
Si bien se observan algunas mejoras macroeconómicas, como la reconstrucción de reservas proyectadas en 66.500 millones de dólares para 2028-2029, el estudio subraya resistencias internas que limitan la transformación del modelo económico. Jordania presenta una trayectoria similar, combinando disciplina presupuestaria con fragilidades sociales persistentes, con un desempleo del 21% y del 46% entre los jóvenes en 2024.
Esta diferenciación también se extiende a los países del Golfo, clasificados como «clientes de supervisión», donde el FMI actúa principalmente como evaluador externo. Economías ricas en hidrocarburos como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos o Catar recurren a sus análisis para reforzar su credibilidad ante los inversores, sin depender de financiamiento.
Por el contrario, países como Yibuti o Irak son objeto de advertencias más marcadas sobre la sostenibilidad de su deuda o su modelo económico.
En conjunto, el análisis del ORF pone de relieve una constante regional: la estabilización macroeconómica no siempre va acompañada de transformaciones estructurales.
En este contexto, el posicionamiento de Marruecos se distingue por el uso de los instrumentos del FMI como herramientas de aseguramiento, sin poner en cuestión la soberanía económica, en una lógica observada con atención a escala africana.


