El expresidente senegalés Abdoulaye Wade celebra este 29 de mayo de 2026 su centenario, consolidado como una de las figuras más influyentes de la vida política del país durante más de medio siglo. Opositor histórico y tercer presidente de Senegal desde el año 2000, su trayectoria marcó un punto de inflexión en la historia democrática nacional.
Nacido el 29 de mayo de 1926 en Kébémer, Wade se convirtió desde los años setenta en la principal voz de la oposición frente al régimen socialista. En 1974 fundó el Partido Democrático Senegalés (PDS), impulsando el lema “Sopi” (cambio) y construyendo una alternativa política que culminó con su victoria electoral en 2000, poniendo fin a cuatro décadas de poder socialista.
Durante sus doce años en la presidencia (2000-2012), promovió grandes proyectos de infraestructura como la autopista Dakar-Diamniadio, el aeropuerto Blaise Diagne y el Monumento al Renacimiento Africano.
También impulsó la Constitución de 2001 y defendió una visión panafricanista a través del NEPAD.
Derrotado en 2012 tras una controvertida candidatura a un tercer mandato, dejó el poder en un contexto considerado ejemplo de madurez democrática. A sus 100 años, y aunque reside en Francia, sigue siendo una referencia política y simbólica para muchos senegaleses, asociado a la alternancia democrática y al pluralismo político del país.
Su legado político también estuvo marcado por un estilo combativo y una fuerte personalidad, que le permitió mantenerse durante décadas como figura central del debate nacional. Para sus partidarios, Wade encarnó la perseverancia y la convicción en la posibilidad de una alternancia democrática real; para sus críticos, su segundo mandato evidenció tensiones institucionales y un ejercicio del poder cada vez más controvertido.
Más allá de las valoraciones divergentes, su trayectoria forma parte inseparable de la evolución política del Senegal moderno. A un siglo de su nacimiento, Abdoulaye Wade permanece como símbolo de una generación que protagonizó la transición hacia el pluralismo y consolidó la cultura electoral en el país, dejando una huella duradera en la memoria colectiva senegalesa.


