Mauritania ocupa una posición estratégica en las iniciativas atlánticas impulsadas por Marruecos y constituye, junto con el Reino, un pilar fundamental para la seguridad y el desarrollo de la fachada atlántica del Sahel, afirmó este miércoles el profesor mauritano de Derecho Sidi Mohamed Sidi Vall Ould Oumeir.
Durante la presentación del Informe Anual sobre la Geopolítica de África (RAGA) 2026, organizada por el Policy Center for the New South (PCNS) al margen de la décima edición de la Conferencia Africana sobre la Paz y la Seguridad (APSACO), el académico destacó que la cooperación marroquí-mauritana se apoya en «lazos seculares, tanto espirituales como comerciales».
Según el investigador, esta relación bilateral, desarrollada en los ámbitos comercial, económico, cultural y diplomático desde 1969, representa una verdadera respuesta a los desafíos de seguridad que enfrenta la subregión.
Mauritania, país clave de la estrategia atlántica
En el centro de su análisis figura la dimensión geográfica. Como primer país atlántico vecino de Marruecos, Mauritania desempeña un papel esencial en la estrategia marroquí destinada a integrar las costas atlánticas africanas.
«Se trata de toda una estrategia que beneficiará tanto a corto como a largo plazo los avances en materia de paz y seguridad internacional», señaló.
Esta visión se refleja, entre otras iniciativas, en la apertura de un segundo paso comercial en Smara, paralelo al de Guerguerat, con una inversión de 215 millones de dirhams realizada por las Fuerzas Armadas Reales marroquíes desde febrero de 2024. La nueva vía, de 53 kilómetros hasta la frontera mauritana, está destinada a facilitar la circulación de bienes y personas entre ambos países.
Cooperación regional y lucha contra el terrorismo
En el plano multilateral, Ould Oumeir recordó la contribución marroquí de 3.300 millones de dólares al Programa de Inversiones Prioritarias (PIP) del G5 Sahel, una iniciativa destacada durante la última Alta Comisión Mixta Marruecos-Mauritania celebrada en marzo pasado en Rabat.
Asimismo, abogó por reforzar la cooperación entre los países de la región en la lucha contra el terrorismo, considerando que los enfoques unilaterales han demostrado sus limitaciones.
El profesor distinguió entre la «paz negativa», entendida como el simple cese de las hostilidades, y la «paz positiva», que combina el fin de los conflictos con programas de desarrollo económico.
A su juicio, las iniciativas impulsadas por Marruecos se inscriben en esta segunda categoría, al promover simultáneamente la estabilidad, el desarrollo y los valores de convivencia y coexistencia pacífica en la región.
SG/RT/APA


