Los episodios de calor extremo que afectan actualmente a Francia recuerdan una realidad ya incuestionable: incluso las redes eléctricas más modernas del mundo ya no están a salvo de las consecuencias del cambio climático. Este desafío, de alcance global, está llevando a los Estados europeos y africanos a realizar inversiones de gran magnitud para garantizar la continuidad del servicio público.
En algunas zonas afectadas por el cambio climático, las temperaturas registradas bajo tierra superan ampliamente las medidas al aire libre, sometiendo a una fuerte presión a las infraestructuras eléctricas subterráneas. A esta limitación técnica se suma un fuerte incremento del consumo de electricidad debido al uso masivo de aparatos de aire acondicionado, ventiladores y otros equipos de refrigeración.
Las redes eléctricas deben hacer frente a una demanda cada vez mayor mientras operan en condiciones menos favorables para la refrigeración natural de las instalaciones. Las líneas eléctricas aéreas tampoco escapan a estos efectos.
La situación observada en Francia ilustra un fenómeno que ya tiene alcance mundial. Desde Estados Unidos hasta Europa, pasando por África, los operadores eléctricos se enfrentan a episodios climáticos cada vez más intensos que ponen a prueba la resiliencia de las redes.
Ante esta evolución, Francia ha puesto en marcha inversiones de varias decenas de miles de millones de euros para modernizar sus infraestructuras eléctricas y reforzar su capacidad para resistir futuras olas de calor.
Infraestructuras sometidas al impacto del calor
Bajo el efecto de las altas temperaturas, las instalaciones eléctricas experimentan una mayor dilatación y su capacidad de transporte puede reducirse temporalmente para garantizar la seguridad del sistema. La combinación del aumento de la demanda y de estas limitaciones técnicas incrementa el riesgo de incidencias en las infraestructuras de producción, transporte y distribución de electricidad.
En varias regiones francesas, las temperaturas se aproximaron localmente a los 40 °C durante los últimos días, dejando temporalmente sin suministro eléctrico a decenas de miles de hogares. Los transformadores y los cables subterráneos figuran entre las infraestructuras más afectadas por la ola de calor.
Según los gestores de la red eléctrica francesa, el calor prolongado provoca una acumulación térmica crítica en los suelos urbanos, bajo las carreteras asfaltadas y las zonas de hormigón. En el subsuelo, las temperaturas registradas superan ampliamente las del aire exterior.
A ello se añade la dilatación de las líneas eléctricas aéreas, que reduce su capacidad de transporte precisamente cuando el consumo se dispara debido al uso masivo de sistemas de climatización y ventilación. Para hacer frente a esta situación, Francia ha destinado varias decenas de miles de millones de euros a la modernización y adaptación de sus infraestructuras.
Esta vulnerabilidad de las redes eléctricas frente al cambio climático encuentra un reflejo directo en Costa de Marfil, donde las olas de calor y el crecimiento económico también están intensificando las limitaciones técnicas del sistema eléctrico.
Costa de Marfil anticipa el impacto del cambio climático
La adaptación de las redes eléctricas es considerada ya un desafío estratégico para garantizar la continuidad del suministro. En este contexto, el director general de CI-Énergies, Noumory Sidibé, anunció un plan de inversiones de 700.000 millones de francos CFA destinado a reforzar la red eléctrica nacional.
Este programa de urgencia responde, entre otros factores, a un aumento del 14 % de la demanda de electricidad registrado en febrero de 2026, como consecuencia de las altas temperaturas y del sostenido crecimiento de las necesidades energéticas.
Como continuación de esta estrategia, el Estado de Costa de Marfil puso en marcha, el 28 de marzo de 2026, un amplio programa de mejora de la calidad de la red eléctrica dotado con 32.000 millones de francos CFA.
Estos trabajos tienen como objetivo reforzar la fiabilidad de las infraestructuras y reducir las limitaciones técnicas agravadas por los episodios climáticos extremos. El ejemplo francés demuestra así que las perturbaciones provocadas por el calor intenso no afectan únicamente a los países en desarrollo.
Incluso las redes eléctricas más avanzadas deben adaptarse a un clima en profunda transformación. A medida que se multiplican los episodios de calor extremo, la resiliencia de las infraestructuras eléctricas se convierte en un desafío compartido a escala mundial.
Para los operadores del sector, invertir en la modernización de las redes ya no constituye únicamente un objetivo de desarrollo, sino una condición indispensable para garantizar la continuidad del servicio público de electricidad frente a los efectos del cambio climático.
SG/RT/APA


