Declarada el 13 de julio en el campamento de refugiados de Dougui, en la provincia de Ouaddaï, la epidemia de cólera en Chad ya ha causado 75 muertes y se ha propagado a la provincia vecina de Sila, según el Comité Provincial de Respuesta. Ambas regiones, fronterizas con Sudán, acogen a decenas de miles de refugiados que huyen de la violencia en Darfur.
La ONU alertó sobre la magnitud del brote. Según UNICEF, hasta el 20 de agosto se habían registrado 821 casos sospechosos y 56 muertes en seis distritos sanitarios de Ouaddaï y Sila. La tasa de letalidad fue estimada en un 6,8 %, reflejo de la precariedad sanitaria en los campos de refugiados y comunidades de acogida.
El rebrote está estrechamente ligado a la falta de agua potable y de instalaciones sanitarias adecuadas. Desde abril de 2023, el conflicto en Sudán ha provocado la llegada de más de 876 000 refugiados sudaneses y 313 000 retornados chadianos al este del país. Solo entre abril y agosto de 2025 llegaron 95 000 nuevos refugiados tras los ataques a los campos de Zamzam y Abu Shouk.
En apoyo a la respuesta nacional, los Emiratos Árabes Unidos enviaron 30 toneladas de medicamentos, recibidas el 23 de agosto por la ministra interina de Salud, Zara Mahamat Issa. El Ministerio de Salud, por su parte, ha designado un coordinador de respuesta y prepara una campaña de vacunación del 2 al 8 de septiembre en cinco distritos prioritarios. UNICEF, la OMS y otros socios apoyan paralelamente acciones de agua, higiene y sensibilización comunitaria.
A la crisis sanitaria se suma la amenaza alimentaria. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) planea asistir a 2,2 millones de personas este año, advirtiendo que el alza de precios, la pobreza y la presión demográfica agravan la vulnerabilidad tanto de las comunidades de acogida como de los refugiados en el este de Chad.

