Etiopía se prepara para inaugurar el martes la Gran Presa del Renacimiento, símbolo de su desarrollo energético y fuente de tensiones regionales.
Etiopía organiza una ceremonia grandiosa para la inauguración oficial de la Gran Presa del Renacimiento (GERD), prevista para el martes. El primer ministro Abiy Ahmed había anunciado en julio la finalización de esta obra emblemática, la mayor central hidroeléctrica de África, presentada como un orgullo nacional.
El evento se desarrollará en un clima de tensiones regionales. Egipto y Sudán denuncian un riesgo para su seguridad hídrica, afirmando que la presa podría reducir su parte de las aguas del Nilo. Adís Abeba rechaza estas acusaciones, que considera infundadas y exageradas.
Abiy Ahmed ha invitado a los pueblos y gobiernos de la cuenca del Nilo a unirse a esta celebración, asegurando que la presa representa una oportunidad común. Según él, los etíopes están decididos a progresar sin perjudicar a sus vecinos egipcios y sudaneses.
Insistió: «La presa del Renacimiento no es una amenaza, sino una oportunidad compartida. La presa de Asuán nunca ha perdido un solo litro de agua por culpa del GERD».
En un video de presentación difundido en agosto, el primer ministro etíope subrayó que «el éxito del GERD se basa en la cooperación y el trabajo colectivo». Incluso en condiciones difíciles, «la colaboración refuerza la eficacia y permite a los equipos aprender de su experiencia». Según él, «la gestión de los desafíos exige un compromiso común, movilizando a todos los equipos, incluidos los jóvenes, en la coordinación y supervisión de las operaciones».
Abiy Ahmed también destacó «las infraestructuras modernas y los sistemas automatizados de la presa», recordando que «el éxito del GERD depende de una inversión masiva y de la implicación de todos los actores, nacionales e internacionales».
Con una capacidad instalada de 5 150 megavatios, la GERD debería producir 15 760 GWh de electricidad al año, según Ethiopian Electric Power.
Iniciados en abril de 2011, los trabajos de la presa se inscriben en el centro de la estrategia etíope de desarrollo, que apunta a elevar al país al rango de economías de ingreso medio.

