La Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), el mayor proyecto hidroeléctrico de África sobre el Nilo Azul, fue inaugurada oficialmente en presencia de varios dirigentes regionales, pese a las fuertes protestas de dos de sus vecinos. Los líderes de Egipto y Sudán, opuestos al proyecto desde sus inicios, estuvieron ausentes.
Con un costo de 4.200 millones de dólares, una capacidad de 74.000 millones de metros cúbicos de agua y una potencia de generación de 5.150 megavatios, la GERD está llamada a reconfigurar el equilibrio de poder en los países de la cuenca del Nilo, en particular entre Etiopía, Egipto y Sudán. Desde el inicio de su construcción en 2011, El Cairo y Jartum han lanzado múltiples advertencias a la comunidad internacional, instando a Etiopía a detener o modificar la obra bajo amenaza de sabotaje.
Egipto y Sudán sostienen que la presa puede comprometer su seguridad hídrica garantizada por el Nilo, el río más largo del mundo. El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, acompañado de decenas de líderes africanos, participó en la inauguración de la obra situada a unos 40 km al este de la frontera etíope-sudanesa. Entre los presentes figuraban los presidentes de Yibuti, Sudán del Sur, Somalia, Kenia, la primera ministra de Barbados y el primer ministro de Eswatini, además de altos responsables de la UA y la ONU.
Durante su discurso, Abiy Ahmed reafirmó que la intención de Etiopía no es perjudicar a sus vecinos y que la presa busca reactivar las economías y mejorar la calidad de vida en el Cuerno de África. Subrayó que el proyecto fue financiado íntegramente con recursos nacionales, mediante colectas populares, ventas de bonos y contribuciones salariales. Recordó al emperador Haile Selassie, primer impulsor de la idea, y rindió homenaje a los ex primeros ministros Meles Zenawi y Hailemariam Desalegn por haber sostenido el proyecto frente a presiones internacionales.
El trasfondo histórico del Nilo sigue siendo polémico. Un tratado anglo-egipcio de 1929 otorgaba a Egipto 48.000 millones de m³ de agua anuales y un derecho de veto sobre proyectos en la parte alta del río, cifra aumentada a 55.500 millones en un acuerdo de 1959 con Sudán, sin incluir a Etiopía, que aporta más del 80 % del caudal del Nilo. Las negociaciones entre los tres países, iniciadas hace 14 años, quedaron oficialmente rotas en 2025, y pese a la intervención de la UA, de EE.UU. y del Consejo de Seguridad de la ONU, nunca se alcanzó un acuerdo vinculante.
Addis Abeba prosiguió unilateralmente la construcción y el llenado del embalse, completado en octubre de 2024 con su capacidad total de 74.000 millones de m³. Este megaproyecto debería duplicar la producción eléctrica de Etiopía, parte de la cual se exportará a países vecinos, reforzando su prestigio regional y su ambición de convertirse en el principal exportador de electricidad del continente.
Económicamente, las implicaciones del GERD trascienden la generación de electricidad. Actualmente, unos 60 millones de etíopes carecen de acceso a la red, y muchas industrias operan a medias por la falta de suministro estable. Con más de 5.000 MW adicionales, Etiopía podrá impulsar su industrialización, atraer inversión extranjera y dinamizar los sectores manufactureros, agroalimentarios y tecnológicos. Aunque los siete años de retraso respecto al plan inicial y las reducciones en la capacidad de las turbinas supusieron miles de millones en ingresos perdidos, los beneficios a largo plazo superan con creces estos costos.
El GERD simboliza la transición de Etiopía de una economía agraria a una potencia industrial emergente, consolidando su prestigio y su papel en la gestión de los recursos hídricos y energéticos de África Oriental.


