El discurso pronunciado el viernes por la noche por el rey Mohammed VI marca un momento decisivo en el expediente del Sáhara. Pocas horas después de la adopción en Nueva York de una resolución del Consejo de Seguridad que reafirma la preeminencia del plan de autonomía marroquí, el soberano declaró que Marruecos “abre un nuevo capítulo victorioso” destinado a cerrar definitivamente “un conflicto artificial” de varias décadas.
Según el monarca, “a partir de ahora habrá un antes y un después del 31 de octubre de 2025”, fecha que simboliza el paso a “un Marruecos unido, de Tánger a Lagouira”. Esta declaración se inscribe en la continuidad de la estrategia diplomática emprendida por Rabat en los últimos años, basada en la legitimidad internacional, la ampliación del apoyo al plan de autonomía y la consolidación del desarrollo en las provincias del sur.
Mohammed VI subrayó que “dos tercios de los Estados miembros de las Naciones Unidas reconocen ya que la Iniciativa de Autonomía es el único marco realista y creíble” para alcanzar una solución política. También destacó el creciente reconocimiento económico del Sáhara marroquí, citando a Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Rusia, España y la Unión Europea entre las potencias que promueven inversiones y relaciones comerciales con las provincias del sur.
Esta orientación se inscribe en la estrategia del Reino para convertir estos territorios en un “polo de desarrollo y estabilidad” en la región sahelo-sahariana, transformando el Sáhara en un espacio de integración regional y no de confrontación.
El rey anunció que Marruecos procederá a la actualización y formulación detallada de su propuesta de autonomía, con vistas a presentarla posteriormente ante las Naciones Unidas. Esta revisión tiene como objetivo reforzar el carácter operativo del plan, considerado por Rabat como “la única base de negociación” para una solución duradera.
El discurso saludó además los “esfuerzos constructivos” de varios socios, en particular de Estados Unidos —bajo la presidencia de Donald Trump—, así como de Francia, el Reino Unido, España y Rusia, y el respaldo constante de numerosos países árabes y africanos.
En el plano regional, Mohammed VI reiteró su llamado a un “diálogo fraternal y sincero” con el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune, con el fin de instaurar “relaciones basadas en la confianza, la fraternidad y la buena vecindad”. Asimismo, reafirmó el compromiso de Marruecos de impulsar la Unión del Magreb Árabe sobre la base del respeto mutuo, la cooperación y la complementariedad.
Aunque el monarca destacó los avances logrados, insistió en que Marruecos “no busca vencedores ni vencidos”, sino una solución política que permita a todas las partes “salvar la cara”.
Cincuenta años después de la Marcha Verde, el discurso de Mohammed VI reafirma la dimensión histórica y simbólica de la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Para numerosos observadores, se trata de una nueva etapa en la diplomacia del Reino, que combina legitimidad política, reconocimiento internacional y visión de estabilidad regional.


